Santander no duerme esta noche. El Sardinero, ese viejo conocido de alegrías y desventuras, vibra con una intensidad que no se siente desde hace catorce años. Y es que el Racing de Santander vuelve a Primera División. Después de un calvario que empezó en 2012, cuando el equipo cae a Segunda B y pasa por infiernos como el fútbol no profesional, el club histórico cántabro regresa a la élite del fútbol español. Y lo hace de la manera más bonita posible: ganando a su gente, con el corazón en la mano y con una afición que no cabe en el estadio.
El partido está aquí, ahora mismo, y las imágenes se graban en la memoria de todos los que estamos aquí. El Valladolid llega sabiendo que ya está salvado, sin nada que jugarse, mientras que el Racing necesita ganar y esperar que Almería o Deportivo pinchen. Y así está sucediendo. El 4-1 final no es solo un resultado, es la sentencia de un ascenso que se nos queda a las puertas las dos últimas temporadas.
El gol que lo cambia todo
Asier Villalibre abre el marcador en el 33′, un gol necesario que pone al estadio en pie. Pero el Valladolid, con toda la tranquilidad del mundo, empata en el 42′ con un tanto de Mohamed Jaouab. El partido se pone difícil, como casi siempre le toca al Racing, pero el equipo de José Alberto López tiene algo especial: nunca se rinde.
Lo que viene después es historia pura. Andrés Martín, el jugador de la temporada con 20 goles, no tiene piedad. En el 73′ remata con su zurda dentro del área tras un pase por raso de Villalibre, y ahí sabemos que el ascenso está muy cerca. El tercer gol llega después, y el cuarto sella la goleada. El 4-1 final es ya un trámite, pero el estadio está fuera de sí.
La espera de 14 años termina
Mientras el partido transcurre en Santander, en Almería el resultado llega a su destino. La UD Almería cae 1-2 ante la UD Las Palmas, y eso es suficiente. El Racing es, matemáticamente, equipo de Primera División. Y en El Sardinero estalla la locura.
Cientos de aficionados invaden el campo. Lágrimas, abrazos, gritos de alegría. No es solo un ascenso, es la redención de un club que ha pasado por situaciones muy duras. Después de que en 2023 Manolo Higuera y el argentino Sebastián Ceria compren el 74% de las acciones del club, que estaba gestionado por el grupo Pitma, el Racing ha empezado a caminar de nuevo. Y ahora, a falta de dos jornadas para el final de la temporada, ha cumplido un objetivo que llevan persiguiendo desde hace años.
Un equipo que lleva el corazón en la manga
El equipo de José Alberto López muestra una resistencia increíble. No es un equipo perfecto, pero tiene un corazón enorme. Andrés Martín —20 goles, no es delantero centro— se convierte en el personaje emblemático de esta temporada. Íñigo Vicente, 1927 pases, es el motor del equipo. Ezketa, 233 entradas, es el guardián del área.
Pero hoy, todos son protagonistas. Desde los titulares hasta los que salen desde el banquillo. Eriksson en la portería, Mantilla, Manu Hernando, Pablo Ramón, Salinas en la defensa; Maguette, Puerta en el medio; Andrés Martín, Canales, Íñigo Vicente en el ataque, y Guliashvili como referencia. Todos con el mismo objetivo: devolver al Racing a Primera.
La afición, la verdadera protagonista
Si hay algo que define esta noche es la afición. El Sardinero se llena hasta el último rincón. Gritos de «¡Racing, Racing!» resuenan durante los 90 minutos, pero es después del pitido final cuando la emoción se desborda. La invasión de campo es tremenda, como pocas se han visto en Santander. La gente llora, ríe, se abraza con extraños. No importa quién seas, todos somos racinguistas.
Esta noche no es solo del equipo, es de toda Cantabria. De los que recuerdan los años de Primera, de los que sufrieron en Segunda B, de los que nunca perdieron la esperanza. El Racing vuelve, y lo hace con la fuerza de un pueblo entero detrás.
Ahora son de Primera
El conjunto cántabro jugará la próxima temporada en la máxima categoría del fútbol español. Después de un periplo de catorce años donde pierde su puesto en Primera, donde pasa por el fútbol no profesional, donde sufre caídas como las de Harry, Solabarrieta y el infrafútbol, el Racing está de vuelta.
Y lo mejor de todo es que esto es solo el principio. El club vuelve a la élite con ilusión, con un proyecto claro y con una afición que nunca deja de creer. Ahora son de Primera. Y Santander vuelve a ser, por derecho propio, ciudad de fútbol de primera división.
El partido termina, pero la fiesta apenas comienza. Porque el Racing no solo asciende: vuelve a casa.














