El Racing salió de Butarque con una victoria de enorme peso y, más allá del marcador, con la sensación de haber dado un paso casi definitivo hacia el ascenso. El 1-2 frente al Leganés, con gol de Maguette Gueye en el 26, penalti transformado por Asier Villalibre en el 88 y sentencia de Luis Nlavo en el 99, deja al conjunto cántabro a las puertas de una jornada que podría convertir su gran temporada en una vuelta a Primera División.
Fue un partido de los que se juegan con el pulso, con la clasificación encima de la mesa y con la responsabilidad pesando en cada acción. El Leganés llevó más la iniciativa territorial y terminó con mayor posesión, pero el Racing supo defender el guion que más le convenía: no romperse, esperar su momento y castigar cuando el encuentro entró en su tramo más frágil. En ese escenario, la victoria no nació de una superioridad abrumadora, sino de una lectura madura del partido y de una eficacia que vale oro en mayo.
El tanto de Maguette Gueye en el minuto 26 abrió una tarde que obligó al Leganés a correr detrás del resultado desde muy pronto. A partir de ahí, el cuadro local trató de encontrar ritmo y profundidad, pero se topó con un Racing ordenado, capaz de absorber la presión y de responder con llegadas más directas, más breves y también más incisivas. La diferencia de remates, 10 del Leganés por 13 del Racing, refleja que el partido nunca estuvo del todo en manos de uno solo, aunque el conjunto cántabro supo sacar más rendimiento de sus aproximaciones.
El desarrollo del choque tuvo esa textura de los encuentros que se deciden en el detalle. El Leganés acabó con más posesión, 59,3% frente al 40,7% del Racing, pero esa posesión fue en buena medida un territorio de insistencia más que de claridad, mientras que el Racing administró mejor sus momentos de impacto. La tarde avanzó con una tensión creciente y con la sensación de que el primer golpe no iba a ser necesariamente el último, porque el partido no terminaba de cerrarse por completo.
Y así fue. Cuando el choque entraba en su fase más delicada, el Racing encontró el penalti que Asier Villalibre convirtió en el minuto 88 para poner el 0-2 y poner muy cuesta arriba cualquier reacción local. El Leganés todavía tuvo margen para apretar y buscar una respuesta de orgullo, pero ya en el 99 Luis Nlavo hizo el 1-2 definitivo, un gol que no solo cerró el partido sino que añadió un matiz dramático a una noche ya intensa de por sí. El desenlace dejó la impresión de un equipo que sabe ganar sin necesidad de deslumbrar, pero sí de resistir, insistir y golpear en los instantes exactos.
La importancia del triunfo trasciende el resultado inmediato. El Racing afronta la próxima jornada en disposición de ascender, y las cuentas pasan por una combinación concreta: debe ganar al Real Valladolid en El Sardinero y, además, necesita que el Almería empate o pierda frente a Las Palmas. Si el Almería también gana, el equipo cántabro seguiría teniendo otra vía al día siguiente, pero ya necesitaría que el Andorra puntuase en Riazor ante el Deportivo. Dicho de otro modo, el Racing tiene el ascenso al alcance de la mano, pero aún depende de una cadena de resultados que puede cerrarse en casa o prolongarse un poco más.
Ese contexto convierte la victoria en Leganés en algo más que tres puntos. El Racing se ha ganado el derecho a mirar la siguiente jornada con la posibilidad real de subir, fruto de una temporada sostenida en el gol, la regularidad y una notable capacidad para competir cuando el partido no concede adornos. El equipo de Santander llegará al duelo con el Valladolid sabiendo que el premio es grande y que la matemática ya le empieza a poner fecha a un posible retorno a la élite.
En Butarque, el Racing dejó la imagen de un líder que no se descompone cuando el partido se ensucia y que, incluso en un entorno incómodo, encuentra la manera de resolver. La victoria tuvo algo de oficio, algo de fe y bastante de convicción, porque el gol en el 88 y la sentencia en el 99 no son solo una secuencia de marcador, sino la expresión de un equipo que ha aprendido a vivir en el borde del ascenso. Si la próxima jornada acompaña, lo de Leganés no será solo una buena victoria: será la antesala de un regreso largamente perseguido.











