Durante mucho tiempo, los hospitales se han diseñado pensando casi exclusivamente en la atención clínica. Monitorización constante, iluminación intensa, sonidos de alerta y espacios altamente funcionales forman parte del día a día de cualquier unidad hospitalaria, especialmente en áreas críticas como las UCI.
Sin embargo, cada vez más profesionales sanitarios coinciden en algo: el entorno también influye en cómo una persona vive un ingreso hospitalario.
Aspectos como el ruido continuo, la falta de descanso, la desorientación temporal o la sobrecarga de estímulos pueden afectar al bienestar emocional de los pacientes, especialmente cuando las estancias se prolongan durante días o semanas.
El ritmo circadiano: uno de los grandes retos en las UCI
Uno de los aspectos que más preocupa en los ingresos prolongados es la alteración del ritmo circadiano, es decir, del ciclo natural que regula funciones como el sueño, el descanso o la activación del organismo a lo largo del día.
En muchas UCI, la iluminación artificial constante, la ausencia de luz natural y la actividad continua hacen que los pacientes pierdan referencias temporales. Esto puede dificultar el descanso y aumentar la sensación de desorientación, especialmente en personas que pasan largos periodos hospitalizadas.
Tecnología multisensorial aplicada al entorno hospitalario
En esta línea, el Hospital Universitario de Bellvitge ha desarrollado junto a Qinera un proyecto centrado en la humanización de estos espacios hospitalarios mediante tecnología multisensorial.
El objetivo es explorar cómo determinados estímulos ambientales, especialmente la iluminación, los sonidos y la vibración, pueden ayudar a crear entornos más regulados y confortables para pacientes críticos.
A través de sistemas de iluminación adaptativa y recursos multisensoriales, el proyecto busca acompañar los ritmos naturales del paciente durante el día y la noche, favoreciendo ambientes más coherentes con el descanso y la orientación temporal.
El bienestar también forma parte del cuidado
La tecnología multisensorial lleva años utilizándose en contextos educativos y terapéuticos. Poco a poco, sus aplicaciones empiezan a extenderse también al entorno hospitalario.
La posibilidad de adaptar la luz, reducir determinados estímulos y crear espacios más calmados abre nuevas vías para mejorar la experiencia de pacientes, familias y profesionales.
En el caso de las UCI, además, permite trabajar aspectos tan importantes como el respeto del ritmo circadiano, ayudando a diferenciar mejor los momentos de actividad y descanso durante el ingreso.











