El Racing abandona Ceuta con un punto en el casillero, pero con la certeza de que el murmullo de la polémica arbitral pesará más que el propio empate. El partido se resume en un claro dominio azul‑verdinegro, un diluvio de ocasiones y una portería que se niega a abrirse, pero también en dos decisiones de fuera de juego que se han convertido en el eje de la discusión: el segundo gol de Guliashvili, anulado por una línea de fuera de juego que muchos consideran mal trazada, y el gol de Suleiman, que era un fuera de juego evidente, cartografiado a la perfección por la imagen de la tele, pero que llegó en el peor momento posible para el equipo cántabro.
El primero de los golpes, aunque doloroso, apenas se discute en el entorno racinguista. En el minuto 7, Guliashvili remata tras un pase de Andrés, supera a Guille Vallejo y ve cómo el balón cruza la línea; el árbitro, auxiliado por el VAR, revisa la posición de la defensa y anula el tanto por fuera de juego, con una lectura milimétrica pero ajustada a la norma. Tampoco a partir de ahí se puede reprochar al equipo de José Alberto López falta de argumentos ni de protagonismo; el Racing controla el partido, se mueve con fluidez, amasa ocasiones y se planta delante de Guille con una insistencia casi obsesiva.
La duda crece en el segundo acto, cuando el fútbol vuelve a encontrarse con la misma carretera del VAR. En el minuto 55, Guliashvili, de nuevo, se anticipa dentro del área tras un saque de banda, remata de cabeza y el balón se cuela en la portería, con el estadio enterándose de que el Racing, por fin, se ha hecho con la ventaja que el juego reclama. La reacción espontánea es la de la victoria casi consumada; sin embargo, la cámara se detiene, el árbitro consulta al VAR y la línea de fuera de juego semi-automática, proyectada sobre el césped, se coloca en un punto que muchos repiten en los análisis de la jugada: queda dibujada por encima de la última posición de la defensa, lo que hace que la anulación se perciba como un criterio discutible antes que como un acierto claro.
Aquí, el debate de la afición y parte de la crítica se concentra menos en la regla y más en la interpretación de la imagen: si la línea de la defensa se desplaza, la bandera de la televisión debe reflejarlo con fidelidad, y cuando esa referencia se lee como desfasada respecto al cuerpo real de los jugadores, el gol se siente robado por una mala lectura técnica, más que por una infracción evidente. Para el Racing, que ya ha visto cómo el 0‑0 se mantiene con el único mérito de la organización ceutí y la entereza de Guille, esa segunda anulación alimenta la sensación de llevar las de perder, incluso cuando el juego dicta lo contrario.

El resto del partido se configura como un ejercicio de dominio sin recompensa. El Racing insiste, genera centros, llegadas en cascada, remates de primera y tiros centrados, pero el meta local se convierte en el auténtico ángel de la guarda, dibuja rectas imposibles, desvía pelotas que parecen ya inscritas en el marcador. José Alberto mueve fichas, entra Damián, Suleiman, Villalibre, busca esa última clave que desbloquee el bloque defensivo, y el equipo responde con entrega, sin que la inspiración del remate ni el azar se inclinen a favor de la zaga de la portería.
El desenlace en el minuto 90+2 dejó un poso de amargura que trasciende lo meramente deportivo. En una de las incursiones del Racing en el área caballa durante el descuento, el equipo logró, tras un ejercicio de paciencia y geometría, que Suleiman se plantara solo frente a Guille Vallejo y enviara el balón a la red. Fue el instante en el que el éxtasis invadió a la expedición cántabra, convencidos de que el esfuerzo titánico de toda la tarde se veía recompensado con un triunfo que se sentía inevitable.
Sin embargo, la realidad se desmoronó cuando el asistente invalidó la acción, y la posterior imagen del VAR —que debería ofrecer transparencia— solo logró encender más la polémica. Al observar la captura, la indignación está justificada: la línea se traza desde un punto situado por detrás del brazo del defensor ceutí, un criterio de lo más arbitrario que ignora la posición real de las bases de apoyo. Es más, de existir tal posición adelantada, esta se reduce a unos milímetros de un hombro, una parte del cuerpo que, reglamentariamente, no debería ser el factor decisivo para invalidar una jugada de gol.
Lo que indigna a la parroquia verdiblanca es la estridencia de una decisión que roza el absurdo técnico. Mientras que la anulación del segundo tanto de Guliashvili se debió a un trazo de línea ya de por sí cuestionable, este fuera de juego de Suleiman se siente como un ejercicio de literalidad mal aplicada, donde el sistema parece buscar el error donde el fútbol exige fluidez. La captura no es solo la fotografía de un fuera de juego; es la prueba de una herramienta mal utilizada que, al centrarse en centímetros anatómicos irrelevantes, le ha arrebatado al Racing un triunfo legítimo.

El 0‑0, en definitiva, no solo deja un punto en la clasificación, sino un debate abierto: si el VAR corrige la línea de fuera de juego con criterios fiscales o con matices de juego, y si el arbitraje sabe medir no solo la posición de un cuerpo, sino el peso de un gol en el decurso de una temporada. El Racing, sin embargo, sale de Ceuta sabiendo que el fútbol, de nuevo, se ha decidido en el diván de la imagen de televisión, donde la línea de fuera de juego se traza, se desplaza o se clava con unos píxeles, y donde un gol tan claro como el de Suleiman queda prisionero de la propia nitidez que debería favorecerlo.
FICHA TÉCNICA
AD Ceuta: Vallejo, Matos, Carlos Hernández, Aisa, Zalazar (Salvi Sánchez, 66), Marcos, Merino, Bodiger, Rubén Díez (Bassinga, 55), Campaña (Konrad, 46) y Anuar (Youness, 55).
Racing: Eriksson, Mantilla (Pablo Ramón, 66), Manu Hernando, Javi Castro, Salinas; Maguette (Damián, 75), Gustavo Puerta, Andrés, Canales (Suleiman, 87), Vicente; Guliashvili (Villalibre, 75).
Árbitro: Eder Mallo (castellano- leonés). Expulsó al entrenador de porteros del Racing, Pedro Dorronsoro. Amonestó a los verdiblancos Salinas, Javi Castro, Canales, Pablo Álvarez (segundo entrenador), así como a los locales Rubén Díez, Aisar y Marino.
Incidencias: trigésima séptima jornada de LaLiga Hypermotion 2025/26. Alfonso Murube. 5.147 espectadores, entre los que había casi 200 racinguistas.













