Fernando Cabellos, un vecino de Monte de unos 73 años y conocedor de la zona de El Bocal, afirma que el lunes, horas antes del accidente, alertó al 112 del mal estado de la pasarela. Acostumbrado a pasar cada día por la zona entre las 10.30 y las 11.00, el jubilado cuenta que notó que la estructura de madera se movía de manera anómala y decidió regresar a casa para llamar a emergencias, a pesar de no acostumbrar a llevar teléfono consigo.
Según su relato, hacia la una de la tarde habló con una operadora del 112 que le preguntó el lugar exacto y la descripción de la infraestructura, a la que definió como “un puente en dirección hacia Cueto, el único” y “sin pérdida” de identificación. Fuentes de la Policía Local habrían confirmado posteriormente a Fernando que constan en el sistema dos llamadas suyas al 112, lo que refuerza su versión de haber comunicado el riesgo antes del colapso de la pasarela.
La pasarela seguía igual el martes
El propio Cabellos explica que el martes volvió a pasear por la zona, como hace habitualmente, para comprobar si tras su llamada se había producido alguna intervención. Sin embargo, asegura que “el puente seguía igual”, sin que se hubiera llevado a cabo ninguna acción visible de refuerzo, cierre o señalización en el tramo afectado. Esa constatación, unida a la tragedia que se produjo horas después, ha dejado una profunda huella en el vecino, que confiesa no haber podido dormir pensando en que quizá podría haber insistido más con la llamada, pero que se decidió a no hacerlo porque “si he llamado y no han venido, para qué…”.
Vecinos de la zona recuerdan además que, antes de la construcción de la senda costera con pasarelas, el paso habitual por el entorno de El Bocal se hacía por el prado, más alejado de los acantilados, y que el tramo de rocas solía utilizarse casi exclusivamente por pescadores. Esa reminiscencia alimenta el malestar de quien ve una infraestructura construida para el ocio y la accesibilidad, pero que, a juicio de algunos, luego se ha mantenido de forma insuficiente.
El Ayuntamiento pide un informe sobre la llamada
Ante la trascendencia de lo ocurrido, el Ayuntamiento de Santander ha solicitado un informe a la Policía Local relativo a esa llamada al 112 en la que se alertaba del mal estado de la pasarela de El Bocal. El documento se pondrá a disposición de la Policía Nacional, que está instruyendo las diligencias por el accidente, ya que el caso se encuentra judicializado.
El 112, por su parte, ha evitado confirmar ni desmentir la existencia concreta de esa llamada, al tiempo que ha remitido a la investigación judicial cualquier detalle relacionado con el colapso de la pasarela. El servicio de emergencias ha recordado que, hasta la conclusión del proceso, no se pueden revelar determinados aspectos de la gestión de las alertas, lo que deja abierto el análisis de si el aviso recibió la respuesta o el seguimiento adecuado antes del desastre. No obstante, Radio Santander La Cadena SER ha constatado que el Servicio de Emergencias de Cantabria «activó los protocolos contemplados» para estos casos
Impacto personal y preguntas institucionales
El caso de Fernando Cabellos ha cobrado un fuerte cariz humano, mostrando la conciencia cívica de un vecino que avisó por precaución y ahora se siente atormentado por la idea de que no se le pudo hacer caso. Su testimonio, sin embargo, se convierte también en un punto de referencia para la investigación, ya que plantea preguntas sobre la cadena de información entre el 112, la Policía Local y el resto de instituciones implicadas en la gestión de la senda costera.














