La alcaldesa de Santander, Gema Igual, ha reiterado que el tanque de tormentas de El Sardinero “funciona perfectamente” como infraestructura, aunque ha introducido un matiz clave al señalar que “no filtra el agua” en episodios de lluvia muy intensa. Sus declaraciones responden a las recientes precipitaciones de los últimos días, que han provocado encharcamientos e inundaciones en distintas zonas de la ciudad, entre ellas El Sardinero, la avenida de la Constitución, el entorno de la ría de Raos y dependencias municipales, y que han puesto de nuevo en el centro del debate la eficacia de la red de drenaje urbano.
Según la regidora, el sistema de captación de aguas pluviales deja evidentes limitaciones en determinadas situaciones extremas, no porque el tanque de tormentas falle en su funcionamiento, sino porque el propio flujo de agua no se canaliza de forma adecuada hacia la red de imbornales. Igual ha explicado que el agua “baja con tanta pendiente y tan rápido” por calles como Joaquín Costa, en el corazón de El Sardinero, que discurre de forma inclinada desde la zona alta del barrio hacia la Plaza de Italia, que la mayoría de la escorrentía no se filtra por las rejillas, sino que avanza calle abajo y se acumula en superficie.
En ese contexto, el Ayuntamiento ha detectado que el punto crítico se sitúa en la fase previa al tanque de tormentas: la capacidad de captación superficial a través de los imbornales. La alcaldesa ha indicado que se va a aumentar el número de rejillas en la acera y se instalarán rejillas “más anchas”, es decir, con mayor superficie de paso, con el objetivo de que la lámina de agua pueda infiltrarse en mayor medida en la red de alcantarillado antes de llegar al tanque. La misma medida se extenderá a la Plaza de Italia, uno de los puntos neurálgicos de la red de drenaje en El Sardinero, donde convergen las aguas de la pendiente de la calle Joaquín Costa y de otras vías colindantes.
Técnicamente, el tanque de tormentas ubicado bajo la mediana y la Plaza de Italia está diseñado como un depósito de hormigón de 19 metros de largo por 11 de ancho, con una capacidad de 176 metros cúbicos, destinado a retener la primera parte del agua de lluvia, que suele estar más cargada de contaminantes, y a regular el caudal que llega a la red de saneamiento y al emisario. No obstante, como recuerdan técnicos municipales y documentos de licitación, la infraestructura nunca se concibió para absorber la totalidad de la precipitación en un episodio de tromba, sino para actuar como amortiguador dentro de un sistema global que depende, en gran medida, de la eficacia de los puntos de captación en superficie.
En las últimas horas, el Ayuntamiento ha recibido un alto número de avisos de Bomberos municipales, que atendieron incidentes de inundación en varios puntos de la ciudad, principalmente en el barrio de El Sardinero, donde se han registrado encharcamientos significativos en la vía pública, en plazas y en zonas de circulación. La alcaldesa ha resaltado que, pese a la intensidad del agua, la tromba “no duró un tiempo excesivo”, lo que ha permitido que el sistema se recuperara con relativa rapidez, aunque no ha evitado situaciones de agua estancada o de paso condicionado para peatones y vehículos.
Igual ha subrayado que el Consistorio continúa trabajando sobre el mapa de zonas inundables de Santander, presentado hace meses y que ya está en fase de ejecución. Ese documento identifica aproximadamente una decena de puntos críticos en la ciudad, entre los que figuran la Plaza del Ayuntamiento, las calles Burgos y Jerónimo Sáenz de la Maza, el polígono de Elegarcu, la zona de Raos y, precisamente, El Sardinero. En todos estos tramos se prevén actuaciones específicas de mejora de la red de drenaje, el refuerzo de rejillas, la eliminación de cuellos de botella en la conducción del agua y, en su caso, la adecuación de viales y aceras, actuaciones que se aprueban en la Junta de Gobierno Local y que se financian bien con el presupuesto municipal, bien con recursos asociados al canon que el Ayuntamiento paga a Aqualia, la empresa gestora del agua en el municipio.
En la Plaza de Italia, el tanque de tormentas se enmarca en un conjunto de reformas de la vía pública que buscan ordenar el tráfico, mejorar la movilidad y reforzar la infraestructura hidráulica. La propia alcaldesa ha señalado que “no hemos tenido ninguna sorpresa más que en esos puntos que ya teníamos detectados”, lo que indica que, pese a las inundaciones, el comportamiento de la ciudad se ha mantenido en la línea de los escenarios previstos en el mapa de zonas inundables. Ello no invalida la necesidad de seguir avanzando en la mejora del sistema, especialmente en El Sardinero, donde el desafío es gestionar el agua que desciende por la pendiente de la calle Joaquín Costa antes de que alcance la zona de mayor afluencia de tráfico y la propia plaza.
En esa línea, el Ayuntamiento ha reiterado que las actuaciones incluirán no solo la ampliación de rejillas, sino también la revisión de la pendiente de la calzada, la limpieza periódica de la red de saneamiento, la ordenación de volúmenes de agua en la zona de la ría de Raos y la coordinación permanente con Aqualia para asegurar que el sistema de bombeo y la planta de tratamiento puedan absorber los caudales adicionales en días de lluvia intensa. La regidora ha insistido en que el foco de la estrategia es la prevención: actuando sobre las zonas de riesgo antes de que se produzcan incidentes, con el fin de reducir progresivamente la incidencia de inundaciones y la incomodidad para la ciudadanía.
El debate en torno al tanque de El Sardinero se ha prolongado en los últimos años, en parte porque el Ayuntamiento presentó la obra como un paso decisivo para mejorar el saneamiento urbano y reducir los vertidos al mar durante episodios de lluvia, lo que generó expectativas elevadas en la opinión pública. La experiencia reciente, con trombas de agua que han provocado encharcamientos en la superficie, ha evidenciado que el problema no es tanto la infraestructura subterránea como el propio comportamiento de la escorrentía sobre la vía pública, lo que ha llevado a la propia alcaldesa a desplazar el foco de la crítica hacia la insuficiencia de los puntos de captación superficial y, en concreto, hacia las rejillas de imbornales, que no consiguen filtrar el agua cuando la lluvia alcanza cierta intensidad.












