La presidenta del Parlamento de Cantabria, María José González Revuelta, lanzó ayer un mensaje nítido a todas las fuerzas políticas: unidad sin fisuras para defender el interés general cántabro frente a las «políticas del todo vale» que, a su juicio, están erosionando el sistema autonómico. En el 44 aniversario del Estatuto de Autonomía —vigente desde 1982—, González Revuelta situó la norma como baluarte de la identidad histórica y social de Cantabria, sustentada en principios irrenunciables: «máxima solidaridad entre regiones, unidad de España, desarrollo económico, derechos y liberties«. «Estos valores no han perdido vigencia», afirmó, pero advirtió que hoy se enfrentan a «un huracán de políticas descarnadas donde el poder es el único criterio«.
González Revuelta no ocultó su preocupación por los «graves riesgos» que sufre el modelo territorial. «Observamos la progresiva implantación del todo vale, tanto en la esfera internacional como nacional», denunció, señalando un deterioro que «no podemos ignorar«. Pintó un panorama alarmante: mientras algunas comunidades reciben «privilegios legales y económicos«, a otras —como Cantabria— se las «quiere arruinar«, limitando recursos y competencias en una dinámica de «descentralización selectiva» que recentraliza por la fuerza donde le conviene. «¿Es normal que la financiación de sanidad y educación dependa de pactos con sentenciados por sedición?», se preguntó, rechazando que la sostenibilidad de servicios autonómicos penda de «un solo acuerdo unilateral» con comunidades que esquivan su responsabilidad contributiva.
La presidenta hizo un llamamiento a la «unidad regional unánime» contra este proceder, porque «un sentimiento regional callado es un sentimiento muerto«. Pidió defender la capacidad legislativa del Parlamento —»hoy cercenada» y amenazada por proyectos recentralizadores—, el derecho al desarrollo y la solidaridad interterritorial. «Fallaremos al Estatuto y a los cántabros si por falta de consenso hacemos imposible los valores democráticos», advirtió, recordando que la autonomía no es negociable a la baja.
El acto institucional evocó la memoria viva de Cantabria. González Revuelta recordó el centenario del Himno a la Montaña de Juan Guerrero Urresti —oficializado como Himno a Cantabria en 1987 gracias a una iniciativa parlamentaria— y rindió homenaje a Matilde de la Torre, fundadora de la Coral Voces Cántabras de Cabezón de la Sal, de cuyo fallecimiento se cumplen 80 años. Pionera de la mujer en política como una de las primeras diputadas de España, De la Torre simboliza la recuperación de tradiciones y la lucha cultural cántabra.
La ceremonia conectó pasado y presente recordando hitos de 1926 aún vigentes: los orígenes del Hospital Valdecilla, la construcción del embalse del Ebro y la histórica reivindicación de mejores servicios ferroviarios. El acto comenzó con un minuto de silencio por las víctimas del accidente de Adamuz y cerró con un concierto de la Coral Voces Cántabras, dirigida por Felipa Sáinz con piano de Pablo Ortiz. Interpretaron ‘Eres de tú’ de Juan Carlos Calderón, ‘Renaces tú’ de Arturo Dúo Vital, el estreno de «Es Cantabria mi tierra soñada» de Domingo Palacio y «Homenaje a Manuel Llano» de Nobel Sámano Santamaría, culminando con el Himno a Cantabria.
González Revuelta cerró reivindicando un autonomismo «vivo y exigente«, que no mire para otro lado ante las amenazas y que se construya desde la unidad. En un 2026 que mira al futuro sin olvidar sus raíces, el mensaje resonó claro: Cantabria no va a quedarse en la banda observando cómo otros deciden su destino.













