Cantabria ha registrado durante el verano de 2026 más de un fallecimiento al día relacionado con las altas temperaturas. Según los datos del Sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria (MoMo), dependiente del Instituto de Salud Carlos III y utilizado por el Ministerio de Sanidad, la región ha contabilizado 148 muertes atribuibles al calor entre el 15 de mayo y finales de agosto, repartidas en 123 jornadas. Esta cifra supone un incremento muy acusado respecto al año anterior, cuando el número de fallecimientos por esta causa fue cuatro veces menor.
El balance regional se enmarca en un contexto nacional marcado por el verano más letal desde que existen registros. En toda España, el sistema MoMo estima que entre el 15 de mayo y el 31 de agosto han fallecido 5.234 personas por causas relacionadas con el exceso de temperatura, la cifra más alta desde que se puso en marcha este mecanismo de seguimiento en 2015. Solo en el mes de agosto, las muertes atribuibles al calor en el conjunto del país alcanzaron las 2.149, la segunda cifra más elevada para este mes en la serie histórica, únicamente superada por el registro del año pasado.
En el caso de Cantabria, los 148 fallecimientos suponen un aumento del 146 por ciento respecto al mismo periodo del año anterior. Durante el verano de 2025, la región registró un número de decesos por calor muy inferior, lo que refleja la mayor intensidad y persistencia de las altas temperaturas en esta campaña. El impacto de las olas de calor y de los días con temperaturas por encima de lo habitual ha sido especialmente severo en los tramos de población más vulnerable.
La distribución por edades muestra que la inmensa mayoría de las muertes se concentran en personas mayores de 65 años, un patrón que se repite en todas las comunidades autónomas. No obstante, los datos de este verano introducen un elemento de preocupación adicional: en Cantabria se han registrado dos fallecimientos en el grupo de edad de 15 a 44 años, algo que no se había observado en temporadas anteriores y que apunta a una posible extensión del riesgo a segmentos de población teóricamente menos expuestos.
Los registros del MoMo no equivalen necesariamente a certificados de defunción en los que figure el calor como causa directa, sino que se trata de estimaciones estadísticas que miden el exceso de mortalidad asociado a episodios de temperaturas extremas. El sistema compara las defunciones observadas cada día con las esperables en condiciones normales y atribuye al calor el exceso detectado, teniendo en cuenta factores como la edad y la persistencia de las altas temperaturas.
El verano de 2026 ha estado marcado por cuatro olas de calor y una anomalía térmica de alrededor de 2,5 grados por encima del promedio habitual. Esta persistencia de temperaturas elevadas, combinada con la falta de noches frescas en muchos periodos, ha agravado el impacto sobre la salud, especialmente en personas con patologías previas o con menor capacidad de adaptación al estrés térmico.
A nivel nacional, Cataluña ha sido la comunidad con mayor número de muertes atribuibles al calor, con más de 1.500 decesos, seguida a distancia por Andalucía, la Comunidad Valenciana y el País Vasco. Cantabria, con sus 148 fallecimientos, se sitúa en un nivel intermedio dentro del mapa español, pero con un crecimiento porcentual muy destacado respecto a años anteriores.
Las autoridades sanitarias insisten en que estas cifras refuerzan la necesidad de mantener activas las medidas de prevención incluso cuando el calendario marca ya el inicio de septiembre. Los meteorólogos han avisado de que los primeros días de este mes llegan con calor de pleno verano, con temperaturas que en algunas zonas podrían superar los 35 grados, lo que obliga a extremar las recomendaciones de hidratación, evitar la exposición al sol en las horas centrales del día y prestar especial atención a las personas mayores y a los colectivos más vulnerables.














