El trabajador que perdió la vida el sábado en las obras de duplicación de la vía entre Astillero y Orejo era José Manuel G.D, un vecino de Solares de 63 años conocido por todos como José. Su fallecimiento ha sumido en el luto a la plantilla de JMR Excavaciones de Solares, la empresa en la que llevaba un año y medio trabajando y que ha sido subcontratada por Adif para ejecutar parte de las actuaciones en este tramo de Cercanías.
Según han informado fuentes próximas al caso, José era valorado por sus compañeros como una buena persona y un trabajador serio y cumplidor. De carácter cercano, deja una amplia familia: tenía pareja, una hija y un nieto, además de seis hermanos con los que mantenía una relación estrecha. Su muerte ha causado un profundo impacto en el pequeño municipio de Medio Cudeyo, donde residía, y en el entorno laboral de Solares, donde era conocido por su trayectoria en el sector de las excavaciones y obras civiles.
Las primeras hipótesis apuntan a que el hombre se apeó de la cabina de la retroexcavadora en la que estaba trabajando en el talud y, en ese momento, fue sorprendido por un deslizamiento de tierra que lo dejó sepultado. El desprendimiento se produjo en el barrio de La Estación, en Orejo, en el entorno de la estación de tren, cuando se ejecutaban los trabajos de duplicación de la vía del tramo de la línea C-3 entre Orejo y El Astillero, una actuación enmarcada en el Plan de Cercanías de Adif.
JMR Excavaciones es una empresa especializada en servicios de excavación y obras con sede en Solares que participa como subcontrata en las obras de duplicación de vía en este tramo de casi siete kilómetros de extensión. La compañía ha quedado tocada por el fallecimiento de uno de sus empleados y ha activado los protocolos de apoyo a la familia y a la plantilla en un momento especialmente duro para todo el equipo.
El accidente se registró en torno a las 16:30 horas del sábado, cuando un corrimiento de tierras y piedras de un talud de unos cuatro metros de altura atrapó al operario. A partir de las 19:30 horas comenzaron las labores para rescatar el cadáver, después de que los servicios médicos confirmaran que no podían hacer nada por salvar la vida del trabajador. Las autoridades han abierto una investigación para determinar las causas exactas del desprendimiento y evaluar si se produjeron incidencias en los sistemas de estabilización del talud o en las medidas de protección de los operarios.
Las obras en las que se produjo el accidente forman parte del proyecto de duplicación y electrificación del tramo Astillero-Orejo, en la línea de ancho métrico Bilbao-Santander, que cuenta con una inversión de 50 millones de euros del Gobierno de España. Esta actuación consiste en crear una segunda vía adosada a la actual, electrificada y con toda la señalización necesaria, con el objetivo de mejorar la capacidad y la regularidad del servicio en este corredor de Cercanías.
El proyecto ha registrado varios retrasos y ampliaciones de plazo en los últimos meses. Las obras, inicialmente previstas para arrancar a principios de marzo, se han demorado por una serie de condicionantes técnicos y se han prorrogado al menos hasta el próximo 30 de junio, fecha hasta la que también se han extendido los transbordos de viajeros por carretera que sustituyen al tren en este tramo durante las fases más intensas de los trabajos.
El fallecimiento de José Manuel Gallego Dehesa es el último de una serie de accidentes laborales graves registrados en obras de infraestructuras en los últimos tiempos y ha vuelto a abrir el debate sobre la seguridad en los frentes de trabajo. Sindicatos y asociaciones profesionales han reclamado en reiteradas ocasiones que se refuercen las medidas preventivas y los controles en las grandes actuaciones, especialmente en aquellas que implican movimientos de tierra y trabajos en taludes, donde el riesgo de desprendimientos es una constante.
En el entorno de Solares y Medio Cudeyo, la noticia ha calado hondo. José era un vecino conocido y respetado, un trabajador que salía cada día a desempeñar su oficio con la ilusión de llevar el pan a casa y que nunca imaginó que un deslizamiento de tierra acabaría con su vida en un instante. Su pérdida deja un vacío irreparable en su familia y en su comunidad, y sirve como recordatorio de los riesgos que asumen cada día los operarios que hacen posible las grandes obras de infraestructura.













