Los peritos que investigan el derrumbe de la pasarela de El Bocal, en Santander, han coincidido este viernes en la sede judicial de las Salesas en que la falta de mantenimiento y el uso de materiales metálicos “mucho más baratos” que los adecuados para un entorno costero fueron claves en la tragedia que se cobró la vida de seis personas y dejó a otra en estado grave.
El perito judicial, que ha ratificado ante la jueza instructora las conclusiones de su informe, sostiene que la causa última del colapso fue el fallo de la unión de apoyo de las vigas secundarias sobre las principales, al haber perdido el herraje su “sección resistente por efecto de la corrosión”. Según el experto, el mantenimiento realizado en la pasarela fue “insuficiente” y debió utilizarse acero inoxidable en lugar del acero galvanizado que finalmente se empleó.
Además de considerar que el mantenimiento foi deficiente, el perito judicial ha apuntado también al diseño de la estructura como uno de los factores que contribuyeron al desastre. La rotura se produjo el pasado 3 de marzo cuando cedió el tablero de la senda costera bajo el peso de los ciudadanos que transitaban por ella.
La acusación particular: “diseño vulnerable” y materiales inadecuados
El perito elegido por la acusación particular, ejercida por familiares de las víctimas, considera que la causa directa del colapso fue el efecto de la corrosión, pero también “un diseño estructural vulnerable, una elección inadecuada del material y una ausencia de mantenimiento”.
Según este informe, al que ha tenido acceso Efe, si los herrajes de sustentación y su tornillería se hubieran ejecutado en acero inoxidable adecuado para ambiente marino exterior, la pasarela no se habría hundido. El perito de las acusaciones pone especial acento en que los estribos eran de acero galvanizado, una solución considerada insuficiente para un ambiente costero donde la normativa técnica aconseja el uso de acero inoxidable.
Además, advierte de que el propio diseño favorecía la acumulación de agua y sales en esos puntos críticos, acelerando la corrosión y reduciendo significativamente la vida útil de los elementos/metálicos. En conjunto, el informe concluye que la pasarela presentaba un diseño menos robusto, dependencia de elementos vulnerables y materiales inadecuados, factores que combinados terminaron provocando el derrumbe.
Costas defiende que las decisiones de obra cumplían la normativa
Por su parte, el perito propuesto por el jefe de la Demarcación de Costas en Cantabria, José Antonio Osorio —entonces director de obra y jefe de la demarcación—, achaca el colapso de la estructura principalmente a la rotura de los herrajes metálicos derivada de “la falta de conservación y mantenimiento” de la pasarela.
El informe de Osorio defiende que las decisiones adoptadas durante la obra, incluidos los materiales empleados en los herrajes, cumplían con los estándares exigibles en aquel momento. Según esta tesis, el deterioro que terminó provocando el colapso responde a un proceso progresivo asociado a la falta de mantenimiento continuado, que requería inspecciones periódicas, labores de conservación y, en su caso, sustitución de piezas.
El informe insiste en que el problema no se encuentra en el origen de la pasarela, sino en la ausencia de actuaciones posteriores que evitaran el deterioro de los elementos críticos de la estructura. Ambos peritos identifican como causa directa del accidente la rotura de los estribos metálicos que sostenían el tablero de la pasarela.
Corrosión en entorno marino agresivo y diseño sin redundancia
Estos elementos metálicos, fundamentales en el sistema estructural, cedieron tras sufrir un proceso avanzado de corrosión en un entorno marino altamente agresivo. Un cambio en el diseño convirtió a los estribos en el punto más crítico de la estructura, al basar la estabilidad del conjunto en unas uniones metálicas concretas, sin margen de redundancia.
Cuando estos elementos se degradaron, la pasarela no pudo redistribuir cargas y colapsó de forma progresiva. La corrosión avanzó sin que se detectara a tiempo, debido a la falta de inspecciones periódicas y de un plan de mantenimiento adecuado para una infraestructura expuesta permanente a la salinidad, la humedad y el viento del mar Cantábrico.
La tragedia que sacudió a Cantabria
El colapso de la pasarela de El Bocal se produitó la tarde del 3 de marzo de 2026, cuando un grupo de ciudadanos transitaba por la senda costera reconstruida tras las obras de ampliación del puerto de Santander. Seis personas fallecieron y otra resultó herida grave, lo que abrió una de las mayores investigaciones judiciales por accidente en la historia reciente de Cantabria.
Desde entonces, se han multiplicado las comparecencias técnicas, los informes periciales y las diligencias judicial para determinar las responsabilidades penales y civiles de los distintos agentes implicados en el diseño, la construcción, la supervisión y el mantenimiento de la pasarela.
El caso ha generado un intenso debate sobre la seguridad de las infraestructuras costeras, la adecuación de los materiales en entornos marinos y la necesidad de planes de conservación periódicos en obras públicas expuestas a condiciones adversas.
La jueza instructora continúa recogiendo pruebas y declaraciones para determinar si hubo negligencia en el mantenimiento, si se tomaron decisiones erróneas en la elección de materiales o si el diseño de la pasarela presentaba defectos que contribuyeron al colapso.














