Cantabria ha cerrado la Semana Santa con una ocupación hotelera que supera el 70 por ciento en los días centrales de la festividad, concretamente entre el Jueves, Viernes y Sábado Santo, según los datos facilitados por la Asociación Empresarial de Hostelería de Cantabria (AEHC). Esta cifra supone un descenso aproximado del 5 por ciento respecto al mismo periodo de 2025, un dato que el sector considera “aceptable”, aunque se acompaña de una caída del 7 por ciento en la facturación de los establecimientos, lo que refleja una menor solidez económica de la campaña.
El presidente de la AEHC, Eduardo Lamadrid, ha señalado que estos porcentajes de ocupación se sitúan muy por debajo de los registrados hace cuatro, cinco o seis años, cuando los hoteles de la región solían alcanzar niveles de agotamiento prácticamente completo durante los tres días claves de la Semana Santa. A pesar de la imagen de calles y enclaves turísticos masificados, que ha impulsado la actividad de bares, restaurantes y cafeterías, ese flujo de visitantes no se ha traducido plenamente en mayor ocupación en los alojamientos, lo que el responsable de la patronal interpreta como un indicador de fragilidad en el modelo de demanda.
Por zonas y comarcas, los datos muestran una evolución desigual. En Santander, la capital regional, la ocupación se ha situado en torno al 70 por ciento, mientras que en algunos destinos costeros de referencia como Suances, Comillas o Santillana del Mar se ha situado cerca del 75 por ciento. En el litoral, localidades como Laredo y Somo han registrado tasas similares, mientras que la isla de la Península de la Magdalena en Santander alcanza máximos de alrededor del 85 por ciento, en línea con su perfil de enclave turístico de primer orden.
En el ámbito rural, la comarca de Liébana se ha situado como la zona con mejor desempeño, con una ocupación cercana al 90 por ciento, lo que refuerza su posición como destino prioritario en periodos festivos y de puente. Estos datos ponen de relieve que, mientras el litoral y la capital se mantienen en un rango medio de demanda, la montaña y el entorno de la comarca de Liébana concentran la mayor parte de la ocupación elevada, un comportamiento que viene repitiéndose en los últimos años.
Según Lamadrid, la Semana Santa de 2026 no ha tenido el mismo carácter de tirón de demanda que una temporada estival, cuando las olas de calor en el sur de la Península provocan un desplazamiento significativo de turistas hacia la zona norte y, en concreto, hacia Cantabria. El presidente de la AEHC ha señalado que, en esta ocasión, la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) previó una situación de inestabilidad climatológica, mientras que en otras comunidades se anunciaba un tiempo más estable, lo que ha influido a la hora de que parte de la demanda se orientara hacia otros destinos que no son la comunidad autónoma.
En conjunto, el sector valora la capacidad de Cantabria para mantener ocupaciones por encima del 70 por ciento en un periodo tan competitivo, pero subraya la necesidad de reforzar la programación de eventos y la gestión de la oferta alojativa para que la presión turística se traduzca en un mayor impacto económico para los hoteles, y no solo para la restauración y el comercio.














