La rehabilitación del aparcamiento de Pombo se alargará, como mínimo, varios meses más y el Ayuntamiento de Santander sigue sin poder concretar con exactitud cuándo podrá volver a abrir una infraestructura que lleva tiempo en el foco por sus problemas estructurales. El Consistorio maneja ahora dos escenarios: uno más favorable, que situaría la finalización de los trabajos en primavera, y otro más complejo, que podría estirar la intervención hasta principios de 2028.
La alcaldesa, Gema Igual, ha trasladado este martes esta situación a los vecinos afectados en una reunión en la que también han participado el concejal de Fomento, Agustín Navarro, y responsables de Empark. Aunque el Ayuntamiento insiste en que está actuando con prudencia y siguiendo criterios técnicos, lo cierto es que el proceso sigue sin ofrecer certezas cerradas para los residentes, que continúan a la espera de una solución definitiva.
Durante el encuentro, el equipo municipal explicó las patologías detectadas en la estructura y las posibles vías de reparación. Entre ellas figuran la sobrecarga de la losa de cubierta, las deficiencias localizadas en el forjado superior y el nivel de agua exterior a los muros perimetrales, un factor que todavía está siendo comprobado por completo y que podría complicar el alcance final de las obras.
El Ayuntamiento sostiene que ya se han realizado numerosas inspecciones, entre ellas el escaneo de 129 nervios del forjado superior mediante técnicas no destructivas, la revisión de la losa inferior y varios sondeos con piezómetros para analizar la presencia de agua en el entorno del aparcamiento. Sin embargo, pese a ese despliegue técnico, el Consistorio todavía no ha podido cerrar el proyecto definitivo, que prevé tener redactado a principios de agosto.
Ese margen de incertidumbre es precisamente uno de los aspectos que más pesan sobre los usuarios. Desde el cierre preventivo de la instalación, los vecinos siguen dependiendo de soluciones provisionales y de alternativas que el Ayuntamiento ha ido habilitando de forma temporal, lo que evidencia que la respuesta municipal sigue siendo, de momento, parcial y condicionada por la evolución de los estudios.
Además, el Consistorio ha anunciado que mantendrá esas medidas hasta final de año y que ofrecerá a quienes no quieran conservar su plaza la posibilidad de rescatar la concesión. Una opción que, más allá de ser útil para algunos afectados, también refleja que la situación del parking sigue lejos de resolverse con normalidad y que el problema no se cerrará de forma rápida.
El origen del conflicto se remonta a febrero, cuando comenzaron a aparecer fisuras en la cubierta superior. A partir de ahí, el Ayuntamiento fue ampliando el diagnóstico hasta ordenar el cierre total de la instalación en mayo, después de que surgieran nuevas patologías en otros puntos del aparcamiento. Desde entonces, la actuación municipal ha estado marcada por la prudencia, aunque también por una evidente falta de soluciones ágiles para un problema que afecta de lleno a decenas de usuarios.
Las obras de reparación de la cubierta ya se ejecutaron, pero la aparición de nuevas deficiencias, así como el posible alcance sobre la cimentación y otras partes de la estructura, obligan ahora a replantear toda la intervención. Es decir, el aparcamiento de Pombo no solo sigue cerrado: además, sigue sin una hoja de ruta cerrada que permita a los afectados saber a qué atenerse.
Mientras tanto, el Ayuntamiento insiste en que todas las decisiones responden a criterios de seguridad. Una afirmación razonable, pero que no despeja la principal queja de los vecinos: que la infraestructura sigue cerrada, las obras avanzan despacio y, por ahora, las certezas siguen siendo pocas.













