El Juzgado de Menores de Santander ha condenado a ocho alumnos de un instituto de secundaria de Torrelavega por el acoso continuado a un compañero de 15 años, al que llegaron a hacer la vida imposible dentro del centro educativo según ha adelantado Cadena Ser Cantabria. La resolución considera acreditado que los hechos constituyen un delito contra la integridad moral del menor, al que el grupo sometió a humillaciones, amenazas y vejaciones de forma reiterada. La sentencia se ha dictado de conformidad entre Fiscalía, la familia de la víctima y las familias de los acusados, después de que los agresores reconocieran lo ocurrido.
Seis de los menores han sido condenados a realizar tareas socioeducativas orientadas a mejorar su desarrollo moral y su capacidad de empatía, además del pago de una indemnización a la víctima en concepto de responsabilidad civil, que asumirán de forma solidaria junto a sus progenitores. Los otros dos recibirán una medida de amonestación, tal y como solicitaba el Ministerio Fiscal. La jueza entiende que se trata de una respuesta proporcionada al delito cometido, a la vista de los informes del equipo técnico que ha evaluado la situación de los implicados.
Hechos probados del acoso
Según recoge la sentencia, los ocho alumnos actuaban en grupo y habían convertido al compañero en objetivo sistemático de sus burlas y agresiones. El menor llegó a refugiarse en los aseos durante los recreos para evitar coincidir con ellos en el patio, pero ni siquiera allí encontraba tranquilidad. Conscientes de que se escondía en el baño, los agresores irrumpían de forma coordinada con el propósito de humillarle y amedrentarle, hasta el punto de que el juzgado describe el relato de la víctima como “espeluznante”.
El episodio clave que termina desencadenando la intervención judicial tuvo lugar el pasado 5 de febrero, durante los dos recreos del día. En ese intervalo, los ahora condenados comenzaron a golpear la puerta del aseo donde se encontraba el chico, entre gritos, risas y comentarios vejatorios. Una vez dentro, le lanzaron escupitajos, chicles y distintos objetos, prolongando una situación de acoso que la sentencia enmarca dentro de un contexto más amplio de hostigamiento en el centro.
Activación del protocolo y respuesta judicial
La actuación del propio instituto fue determinante para que el caso saliera a la luz. Una profesora presenció directamente parte de los hechos en los baños y dio la voz de alarma, lo que llevó a la dirección del centro a activar el protocolo contra el acoso escolar previsto en la comunidad. A partir de ahí se puso en marcha la intervención de los servicios especializados, se dio traslado a las autoridades competentes y el asunto acabó en el Juzgado de Menores de Santander.
En la resolución, el juzgado subraya que los ocho jóvenes y sus defensas han asumido los hechos y aceptan las medidas planteadas por la Fiscalía. La jueza considera “necesarias” las tareas socioeducativas impuestas a seis de ellos para trabajar aspectos como la empatía y el respeto a los demás, y recuerda que el acoso escolar no es un simple conflicto entre alumnos, sino una vulneración de la integridad moral que requiere una respuesta firme y ejemplarizante.
Un problema en aumento
Este caso trasciende justo un día después de que la Consejería de Educación hiciera público el último informe de Convivencia Escolar, que confirma que los expedientes por acoso se han duplicado en el último año hasta alcanzar 33 casos en la comunidad. El dato refuerza la preocupación de familias, docentes y administraciones ante un fenómeno que, lejos de desaparecer, exige detección temprana, protocolos claros y respaldo institucional para quienes se atreven a denunciar.













