El Racing respondió a la altura de la cita más exigente del tramo final de la temporada y dejó en El Sardinero una victoria de enorme valor clasificatorio y anímico. Frente al Almería, segundo en la tabla y rival directo en la lucha por el ascenso, el conjunto cántabro supo levantarse de un inicio adverso, dio la vuelta al marcador antes del descanso y acabó firmando una goleada que le permite ampliar su ventaja en el liderato.
El choque comenzó con un sobresalto para los locales, porque Embarba adelantó al Almería en el minuto 12 y obligó al Racing a gobernar el partido desde la resistencia y la paciencia. Lejos de desordenarse, el equipo de José Alberto mantuvo el pulso, encontró continuidad en su juego y fue creciendo hasta igualar primero y mandar después en el marcador gracias a los goles de Andrés Martín, en el 21, e Íñigo Vicente, en el 28.
A partir de ese momento, el encuentro cambió de dueño. El Racing ganó presencia en campo rival, recuperó con más agresividad y empezó a imponer el ritmo que más le convenía, con una mezcla de rigor, atrevimiento y ambición ofensiva. El Almería, por su parte, fue perdiendo claridad y se vio obligado a defender más de lo que hubiera querido, en un contexto cada vez más favorable para un conjunto cántabro que se sentía cómodo con ventaja y con el partido encaminado hacia su terreno.
El primer gran giro definitivo llegó antes del descanso con la expulsión de Lopy, que dejó a los andaluces con diez y reforzó todavía más la sensación de superioridad local. La sanción al centrocampista visitante añadió una dificultad extra a un Almería que ya había perdido precisión y continuidad, y que quedó expuesto a una segunda mitad en la que debía resistir mucho tiempo en inferioridad para intentar seguir vivo en el partido.
Sin embargo, el Racing no se conformó con administrar la renta. Salió tras el descanso con la misma tensión competitiva y la misma hambre de gol, consciente de que el escenario podía terminar de abrirse si encontraba el tercero. Y así ocurrió en el tramo final, cuando Villalibre firmó el 3-1 en el minuto 79, una acción que castigó definitivamente a un Almería ya muy castigado por el desarrollo del encuentro.
Ese tercer tanto desató por completo al conjunto verdiblanco, que entendió que era el momento de convertir la superioridad futbolística en un marcador amplio. Peio Canales hizo el 4-1 en el 82 tras una acción de gran mérito individual, y Marco Sangalli cerró la cuenta en el 88 para poner el broche a una noche redonda en términos de eficacia, pegada y lectura competitiva.
El resultado refleja mucho más que un simple triunfo. El Racing no solo ganó a un adversario directo, sino que lo hizo con autoridad, con capacidad de remontada y con un tramo final resuelto con firmeza, algo especialmente valioso en una fase del campeonato en la que cada partido se convierte en un examen de madurez. La victoria refuerza la posición de los cántabros en la parte alta y sostiene su aspiración de alcanzar el ascenso directo en una recta final que no admite relajación.
En un estadio con ambiente de partido grande y bajo unas condiciones meteorológicas frescas y con lluvia, el Racing ofreció una imagen de equipo sólido en la adversidad y eficaz cuando encontró espacio para correr. Fue un triunfo con fondo, con respuesta emocional y con consecuencias reales en la clasificación, de esos que suelen pesar más allá del marcador inmediato porque alimentan la convicción de todo un vestuario y reactivan a una grada que vuelve a mirar arriba con esperanza.
La noche dejó también una lectura simbólica clara: el Racing se reencontró con su mejor versión en el momento más oportuno. Tras el tropiezo en Andorra, el equipo necesitaba una reacción de altura y la encontró ante uno de los rivales más potentes de la categoría, en una victoria que combina valor deportivo, impacto clasificatorio y un notable impulso anímico de cara a lo que queda por delante.














