El Racing de Santander dejó escapar una oportunidad importante en El Sardinero tras caer ante un Real Zaragoza que, pese a llegar en una situación delicada y sin ganar desde finales de noviembre, supo competir mejor y castigar los errores de los cántabros. El 2-3 final no oculta un partido muy cuesta arriba para los de José Alberto, que reaccionaron cuando el encuentro ya parecía decidido.
El ambiente en los prolegómenos era el de una cita clave. Con el duelo copero en el horizonte y tras varias semanas de empates, la afición verdiblanca acudió al estadio con la expectativa de ver a su equipo reencontrarse con la victoria ante un rival en apuros. Sin embargo, el inicio del partido fue un jarro de agua fría que condicionó todo el desarrollo posterior.
Nada más arrancar, el Zaragoza encontró premio en su primera llegada. En el minuto 3, Kenan Kodro aprovechó una acción dentro del área para adelantar a los maños, castigando la falta de contundencia defensiva del Racing. El gol dejó tocado al conjunto local, que tardó varios minutos en recomponerse y encontrar cierta continuidad con balón.
El Racing intentó asumir el control a través de la posesión, pero lo hizo de manera previsible y demasiado lejos del área. El equipo movía el balón de lado a lado, sin profundidad ni velocidad, mientras el Zaragoza se mostraba cómodo replegado y atento para salir al contragolpe. Andrés Martín, encargado de ocupar la punta de ataque ante las ausencias de Villalibre y Arana, se vio superado por los centrales y apenas pudo generar peligro.
El segundo golpe llegó en el minuto 21 y volvió a tener el mismo protagonista. Kodro, muy activo durante toda la primera mitad, culminó una buena acción colectiva del Zaragoza para firmar el 0-2, dejando en evidencia las dificultades del Racing para defender su área. El tanto acentuó la ansiedad de los locales, que empezaron a jugar con más corazón que cabeza.
Pese a todo, el Racing dispuso de oportunidades para meterse en el partido antes del descanso. La más clara, en las botas de Íñigo Vicente, que envió por encima del larguero un balón cuando ya se cantaba el gol en la grada. También Andrés Martín obligó a intervenir a Andrada en una de las pocas acciones en las que el Racing logró finalizar con cierto peligro. Sin embargo, la sensación al descanso era de frustración: mucho balón, poca claridad y demasiados errores atrás.
Tras el paso por vestuarios, José Alberto movió ficha. Manex Lozano y Suleiman Camara ingresaron en el terreno de juego con la intención de aportar energía, desborde y presencia ofensiva. El Racing salió con más ímpetu, tratando de adelantar líneas y meter al Zaragoza en su campo, pero el guion volvió a torcerse demasiado pronto.
En el minuto 53, Kodro completó su gran noche anotando el tercer tanto visitante. Un centro lateral fue suficiente para que el delantero rematara con precisión y pusiera el 0-3, un resultado que parecía definitivo y que castigaba duramente a un Racing que había salido mejor tras el descanso.
Con el marcador tan adverso, el partido entró en una fase en la que el Racing buscó más con orgullo que con orden. Damián Rodríguez debutó con el primer equipo, aportando dinamismo desde la medular, mientras Puerta y Sangalli intentaban acelerar el juego. Aun así, el Zaragoza siguió generando peligro a la contra y estuvo cerca de ampliar la ventaja en alguna acción que obligó a Ezkieta a intervenir con acierto.
El encuentro cambió en el último cuarto de hora. El Racing empezó a acumular llegadas, sobre todo a balón parado, y encontró el premio en el minuto 82. Gustavo Puerta recortó distancias tras una jugada ensayada en un saque de esquina, devolviendo algo de fe a una grada que no dejó de empujar pese al resultado.
Poco después, el Zaragoza se quedó con diez hombres por la expulsión de Mario Soberón, lo que terminó de encender el tramo final del partido. Con superioridad numérica y el impulso anímico del gol, el Racing se volcó definitivamente sobre la portería de Andrada.
El asedio tuvo recompensa en el tiempo añadido. En el minuto 93, Manex Lozano, en su estreno con el primer equipo, cabeceó a la escuadra un centro lateral para firmar el 2-3 y desatar la locura en El Sardinero. El Racing creyó en el empate y tuvo opciones hasta el último suspiro, incluida una ocasión final de Facu González que se marchó fuera por muy poco.
El pitido final dejó una sensación agridulce en el conjunto cántabro. Por un lado, el equipo mostró carácter y orgullo para no rendirse; por otro, volvió a pagar muy caro un inicio flojo y la falta de contundencia en ambas áreas. El Zaragoza fue más efectivo, supo gestionar su ventaja y se llevó tres puntos de oro en un escenario exigente.
El Racing, por su parte, deberá hacer autocrítica y recuperar solidez si quiere evitar que este tipo de partidos se le sigan escapando. La reacción llegó, pero demasiado tarde. Y en una categoría tan igualada, conceder tanto desde el inicio suele tener un precio demasiado alto.













