No hay maldición más persistente en el imaginario racinguista que la del Estadio de Gran Canaria. Casi cuatro décadas han pasado desde la última victoria, y la historia volvió a repetirse. Esta vez con un guion cruel, de esos que se escriben solos: gol tempranero de Villalibre, sensación de dominio y, en apenas tres minutos, un derrumbe que desnudó al líder de LaLiga Hypermotion. Perdió 3-1 el Racing, como quien tropieza en el mismo peldaño por no mirar hacia abajo.
José Alberto apostó por un once con retoques obligados: Michelin en el costado derecho, Villalibre como referencia ofensiva y las ausencias ya conocidas de Mantilla y Vicente. El plan parecía funcionar. A los 13 minutos, una falta templada por Andrés Martín encontró la testuz del ariete vasco, que cabeceó con precisión quirúrgica para firmar su séptimo gol del curso. El rugido verdiblanco se escuchó hasta en la bahía de Santander, amplificado por los más de cuatrocientos aficionados que cruzaron el mar para ver ganar a los suyos.
Pero el fútbol tiene un instinto perverso para equilibrar los sueños y, en tres acciones desde la pizarra canaria, Las Palmas volteó el marcador. El central Mika Mármol fue verdugo y protagonista: primero desvió un balón suelto al fondo de la red, y después repitió remate con tanto ímpetu que acabó con una brecha en la cabeza y el marcador al revés. Cuando Ale García hizo el tercero en el añadido, el Racing ya solo pedía el descanso.
Con Facu sustituido por Javi Castro tras aquel golpe fortuito, el segundo tiempo fue más de voluntad que de acierto. José Alberto movió el banquillo temprano: entraron Arana, Suleiman y Sergio Martínez para acelerar el juego, pero el Racing, desnortado, apenas encontró profundidad. El rival, ordenado, manejó el tempo con la serenidad de quien sabe que el reloj corre a su favor. Solo un zurdazo alto de Michelin y una volea de Arana inquietaron la meta local.
Loiodice vio la segunda amarilla cuando el partido moría, pero ni siquiera la superioridad numérica sirvió para alterar el guion. El Racing quiso, pero quiso tarde. Murió en la orilla, en esa franja de impotencia donde solo queda asumir la derrota y revisar los errores. Porque los hubo. Y graves. Como reconoció el técnico tras el encuentro, “los dos primeros goles están muy mal defendidos”.
Lo demás son matices: “Esto es muy largo”, dijo José Alberto, tratando de rebajar la ansiedad de un liderato que —en la jornada 13— no garantiza nada. Lo importante, insistió, será “seguir construyendo y creciendo como equipo”. Quizá tenga razón. Porque en una categoría tan imprevisible, perder también enseña. Pero la sensación que quedó en el aire del Gran Canaria fue la de un Racing que olvidó su propia receta: la intensidad, el sacrificio, el orden.
El equipo cántabro regresará a casa sabiendo que el fútbol, a veces, premia menos de lo que castiga. Le espera el Granada el sábado 15 en los Campos de Sport, un nuevo examen para redimirse. Volverán los sancionados, quizá también el espíritu competitivo de los días grandes. Hasta entonces, quedará la certeza amarga de que la madurez en el fútbol —igual que en la vida— no se mide por los partidos que se ganan, sino por la forma en la que se resiste cuando se pierde.
FICHA TÉCNICA
UD Las Palmas: Horkas, Mármol, Clemente, Barcia, Loiodice, Manu Fuster (Marvin, 68), Amatucci (Cedeño, 86), Viti (Kirian, 77), Ale García (Jesé, 86), Pejiño (Iván Gil, 68) y Lukovic (Cristian, 77).
Racing: Ezkieta, Michelin, Pablo Ramón, Facu (Javi Castro, 46), Mario García; Maguette (Suleiman, 57), Gustavo Puerta (Sangalli, 84), Andrés (Yeray, 67), Jeremy, Canales (Sergio Martínez, 57); Villalibre (Arana, 57).
Árbitro: Gorka Etayo (vasco). Expulsó al canario Loiodice por doble cartulina amarilla (minuto 82). Amonestó al verdiblanco Gustavo Puerta, así como a los locales Pejiño, Cedeño e Iván Gil.
Goles: 0-1. Minuto 13. Villalibre; 1-1. Minuto 37. Mármol; 2-1. Minuto 40. Mármol; 3-1. Minuto 45. Ale García.
Incidencias: decimotercera jornada de LaLiga Hypermotion 2025/26. Estadio Gran Canaria. 21.496 espectadores, entre los que había algo más de 400 racinguistas.












