Hoy viernes, cuando el atardecer otoñal tiña de naranja los cielos de Santander y las luces de El Sardinero comiencen a brillar sobre el césped de los Campos de Sport, el Racing recibirá a la Real Sociedad B en un encuentro que promete ser tan denso de significado como lo es la temporada que acaba de comenzar. En las últimas horas previas a este duelo, las instalaciones de La Albericia han sido testigo de una plantilla que, aunque acusa el cansancio lógico tras tres encuentros en siete días, mantiene intacta esa chispa que caracteriza a los equipos ganadores.
José Alberto, el técnico que guía los pasos del conjunto racinguista, transitó ayer los alrededores del terreno de entrenamiento con ese aire de calma que solo poseen quienes han vivido suficientemente el fútbol para saber que cada partido es un mundo en sí mismo. «El equipo llega bien. Algunos cansados del martes, otros frescos… hay un poco de todo», comentó, ofreciendo un retrato del momento exacto en el que se encuentra su plantilla: un mosaico de emociones y estados físicos que, sin embargo, permanecen cohesionados por una intención común.
El calendario, ese enemigo silencioso que golpea sin avisar, ha tejido una trama complicada para los verdiblancos. Tres encuentros en menos de una semana obligarían a cualquier equipo a hacer malabarismos con su energía, a calibrar fuerzas, a elegir qué batallas librar con todo el arsenal y cuáles afrontar con estrategia pura. Pero José Alberto no se deja vencer por la tiranía de los horarios. «Es el calendario. Lo único que podemos hacer es adaptarnos y competir al máximo nivel», dijo, con esa resignación tranquila de quien ha aprendido que el fútbol, como la vida misma, no siempre ofrece el escenario perfecto.
Lo que sí ofrece el Racingisme en estos momentos es una certeza creciente: la de un equipo que juega, que compite, que cree. La goleada en Logroño no fue una casualidad, sino el resultado de una mentalidad que ya comienza a permear todos los rincones de la plantilla. «Todos estuvieron en buena línea. El equipo afrontó el partido con seriedad», describió el técnico, permitiéndose una sonrisa de satisfacción. Y es que cuando en un equipo comienza a aparecer esa cualidad intangible de la seriedad competitiva, cuando todos los futbolistas, desde los más experimentados hasta los debutantes, entienden que la exigencia es el único camino, entonces, entonces las cosas comienzan a suceder.
En el horizonte cercano aguarda la Real Sociedad B, un rival joven, dinámico, versátil. «Un equipo que juega y compite muy bien», recordó José Alberto, consciente de que no existen rivales fáciles en la jerarquía del fútbol profesional español, ni siquiera los filiales de grandes instituciones. Sin embargo, el técnico racinguista transmitió una confianza casi serenata: «Lo importante es conseguir los puntos. No miramos la clasificación del rival ni si jugamos en casa o fuera». Es el lenguaje de quien sabe que el verdadero rival nunca está afuera, sino adentro, en la capacidad de mantener el nivel, en la disciplina mental, en esa pequeña diferencia que separa a los equipos ganadores de los que apenas compiten.
Porque el Racing, en estas primeras jornadas de octubre, ha descubierto algo que muchos equipos buscan durante toda una temporada sin encontrarlo: la convicción de que puede ganar contra cualquiera. Jeremy Arévalo lo sabe cada vez que se acerca al área rival, convertido en ese atacante letargo y preciso que hace poco ni él mismo se atrevía a soñar que pudiera ser. «Está ofreciendo un rendimiento increíble, ni él mismo se lo esperaba», reconoció José Alberto, permitiendo que una nota de asombro coloreara sus palabras. El delantero camargués es, de hecho, la encarnación viva de cómo el crecimiento colectivo arrastra consigo incluso a los que parecía tenían ya escrita su trayectoria.
Pero si Jeremy es el fuego ofensivo, Íñigo Lekumberri es la columna vertebral emocional de este Racing que año tras año intenta volver a los viejos esplendores. «Tiene una capacidad de liderazgo y una jerarquía que muy poca gente tiene a día de hoy», sostuvo el técnico, hablando de su capitán con esa admiración que solo provoca quien no busca aplausos sino que simplemente lidera con el ejemplo. Y luego están los laterales, esos futbolistas que parecen condenados a ser los grandes olvidados del romanticismo futbolístico pero que, sin embargo, son la base sobre la que se construye toda defensa sólida. Sangalli, Marco, ese centrocampista llegado hace años y que ahora alcanza los cien partidos, sigue siendo el corazón palpitante de la estructura racinguista.
El futuro, ese concepto tan escurridizo en el fútbol, se abre ante el Racing con promesas de crecimiento. «El equipo tiene mucho margen de crecimiento y mejora. Habrá momentos buenos y malos, pero lo importante es seguir creciendo», filosofó José Alberto, rechazando los análisis apresurados que pretenden leer el destino de un equipo apenas iniciada la temporada. Tiene razón. En octubre, cuando las hojas caen y el otoño instala su melancolía en las gradas de los estadios, las conclusiones son apenas hipótesis, sueños aún sin confirmar.
Mañana, cuando los verdiblancos salten al césped de El Sardinero bajo la mirada de miles de aficionados que aún creen en esos sueños, cuando la Real Sociedad B intente imponer su juventud y su dinamismo frente a la experiencia y la hambre del equipo local, entonces sabremos un poco más. Sabremos si el crecimiento es real, si la convicción es profunda, si verdaderamente el Racing está dispuesto a escribir un capítulo diferente en su historia.
Por ahora, en estos momentos previos, José Alberto y sus futbolistas se preparan en el silencio de las entrenamientos, conscientes de que el calendario no perdona pero también de que existen realidades más profundas que los horarios: la de una plantilla que crece, la de un técnico que sabe conducir ese crecimiento, la de una ciudad que vuelve a creer.
Hoy a las 20:30, el fútbol volverá a hablar. Y el Racing, de nuevo, intentará escribir otro capítulo de su resurgimiento.












