El Rayo Cantabria protagonizó una exhibición de autoridad al endosar un 4-1 al Real Ávila en el último partido del curso como local en los Campos de Sport de Astillero, un resultado que sella su permanencia en la Segunda Federación. Diego Díaz abrió la lata con un golazo de inicio y Pau Mascaró firmó su segundo hat-trick consecutivo, desatando la euforia entre los seguidores del Racing desplazados al feudo verdiblanco. Dirigidos por Ezequiel Loza, los pupilos escalaron a la novena plaza con 45 puntos, cerrando la jornada unificada con una victoria que levanta el vuelo en la recta final y deja encaminado el objetivo principal a falta de un desplazamiento ante la Sarriana.
Ezequiel Loza apostó por tres cambios en el once inicial con respecto al alineado siete días antes en O Vao: Laro se hizo cargo de la portería, Díaz de Alda ocupó el eje de la zaga y Javi García se incorporó al engranaje ofensivo para aportar desequilibrio. El pitido inicial a las 12:00 exactas, en cumplimiento del horario unificado, no enfrió los ánimos; al filo del minuto cuatro, Diego Díaz recogió el balón en campo propio, avistó al portero rival adelantado y soltó un latigazo cruzado que se coló pegado al palo para desatar el delirio racinguista con el 1-0. Ese zarpazo tempranero marcó el tono de un Rayo que salió con las ideas claras y el cuchillo entre los dientes.
Tras el impacto inicial, el duelo entró en una fase de estudio mutuo, con ambos contendientes tanteando opciones sin lograr desequilibrar la balanza. El Real Ávila trató de asentar su juego por las bandas, pero la solidez defensiva verdiblanca, con Díaz de Alda imponente en el centro, frustró sus intentos. Laro, el meta debutante en la alineación, resolvió con solvencia un par de intervenciones de trámite, mientras Javi García dispuso de la oportunidad más jugosa en un contraataque vertiginoso: regateó con clase a un defensor encarnado y sacó un disparo que se marchó lamiendo el travesaño, presagiando que el vendaval ofensivo rayista estaba por llegar.
El segundo tanto llegó en el minuto 38, fruto de un robo providencial de Diego Díaz en la frontal visitante; su disparo envenenado tocó en un rival, descolocó al portero y dejó el balón muerto en el área chica, donde Mascaró se mostró infalible para fusilar de cerca y encender las gradas con el 2-0. El ‘24’ verdiblanco olió sangre y, en el 41, probó fortuna nuevamente desde fuera del área, aunque esta vez el guardameta abulense se estiró para desviar a córner. Justo antes del intermedio, Laro demostró sus reflejos con una voltereta felina para neutralizar el primer aviso serio del Ávila, enviando a los equipos a vestuarios con la renta intacta y la sensación de que el Rayo tenía el partido encarrilado.
La segunda parte arrancó con el Rayo Cantabria imponiendo su ley desde el salto inicial: Santi Franco, bien escorado, recibió un pase milimétrico de Diego Díaz y soltó un zurdazo que se fue por línea de fondo por poco. El carriense, convertido en pesadilla para la defensa rival, gestó el 3-0 en el 55: su derechazo potente rebotó en el poste y, en el rebote al segundo palo, Mascaró se anticipó a la marca para clavar el segundo de su cuenta particular a puerta vacía. El Astillero rugió con un equipo que jugaba en bloque, alternando posesión elaborada con verticalidad letal.
Cuatro minutos después, la goleada se consumó en una jugada de bella factura: Díaz forzó otra pérdida, el rechace favoreció a Javi García, quien levantó la cabeza y colgó un centro preciso al segundo palo para que Mascaró, con un remate de cabeza inapelable, firmara el 4-0 y su tercer hat-trick seguido en casa –un hito que ya había logrado en la jornada previa–. El Real Ávila, grogui y sin reacción, malgastó sus contadas llegadas en disparos lejanos, mientras los verdiblancos gestionaron la ventaja con posesión serena y cambios que mantuvieron la intensidad. Solo en el 90, Álex recortó distancias para el 4-1 definitivo, un gol cosmético que no empañó la fiesta rayista.
El colegiado decretó el final amid gran ovación, confirmando un triunfo que no solo regala una tarde de gloria a la familia racinguista, sino que afianza matemáticamente la salvación en una categoría competida.













