Cohorte Cantabria ha salido públicamente al paso de las últimas críticas y desinformaciones sobre el uso de los datos de sus participantes, reafirmando que su modelo científico se sustenta en la ética, la confidencialidad estricta, la seguridad de la información y el respeto absoluto a los derechos de las personas que han aceptado formar parte del estudio. El proyecto subraya que no es una mera base de datos, sino una infraestructura de investigación biomédica que no negocia, no comercia ni vende datos, y que únicamente utiliza esa información para avanzar en el conocimiento de la salud y la medicina personalizada.
Los responsables de uno de los proyectos científicos más ambiciosos de la Comunidad Autónoma recuerdan que Cohorte Cantabria ha sido construido progresivamente gracias a la iniciativa de equipos de investigación y, sobre todo, al compromiso de más de 51.000 cántabros que han participado de forma voluntaria y altruista. En ese marco, la información clínica y biológica que se recoge se encuentra rigurosamente protegida por la normativa europea de protección de datos y por los protocolos éticos vigilados por el Comité de Ética de Investigación de Cantabria, con el fin de garantizar que no exista ningún uso fuera de control ni cesión inadecuada de la información.
El director científico del Instituto de Investigación Sanitaria del Valdecilla (IDIVAL), que coordina el proyecto junto con el Gobierno de Cantabria, ha recordado que, desde el inicio del proyecto, los documentos de consentimiento informado y la información disponible en la página web han sido claros y estables, y que no se ha modificado en ningún momento la naturaleza de los compromisos adquiridos con los voluntarios. Cada uno de los 51.000 participantes dispone de información detallada sobre cómo se recopilan sus datos, qué tipo de investigaciones se pueden llevar a cabo con ellos y cuáles son los mecanismos de control, incluida la posibilidad de retirar su consentimiento en cualquier momento.
En los últimos días se han suscitado dudas políticas sobre supuestas cesiones o colaboraciones con entidades privadas, pero la dirección de Cohorte Cantabria y el Ejecutivo autonómico subrayan que todas las colaboraciones para investigar la salud de la población cántabra se tramitan bajo estrictos criterios éticos y legales, y que no se ha producido ninguna operación que suponga una privatización o venta de los datos de los voluntarios. El Gobierno de Cantabria ha reiterado que Cohorte Cantabria es un proyecto estratégico público, orientado a mejorar la salud poblacional y a posicionar a la región en la vanguardia de la investigación biomédica, sin que ello conlleve una transferencia comercial de la información generada.
Los responsables del proyecto insisten en que la continuidad y el futuro de Cohorte Cantabria dependen precisamente de la confianza de la ciudadanía, por lo que la transparencia y la claridad en el uso de los datos no solo son un requisito normativo, sino una condición indispensable para la sostenibilidad del estudio. En ese sentido, hacen hincapié en que la infraestructura de Cohorte Cantabria está diseñada para trabajar en red con otros centros de investigación de primer nivel, siempre que se cumplan las exigencias éticas y de protección de datos, y destacan que la colaboración científica se orienta a devolver beneficios a la salud de la población cántabra más que a obtener rendimientos económicos privados.
En conjunto, Cohorte Cantabria se presenta como un modelo de estudio poblacional que combina escala (51.000 participantes), rigor técnico y un marco ético riguroso, y que aspira a consolidarse como referencia en la investigación de enfermedades crónicas y en la transición hacia una medicina más preventiva y personalizada. La administración regional y los equipos científicos responsables reiteran su compromiso de mantener el respeto absoluto a los voluntarios, preservando la integridad de sus datos y limitando su uso exclusivamente al ámbito de la investigación sanitaria autorizada.













