La presidenta de Cantabria, María José Sáenz de Buruaga, ha cortado la cinta de la nueva Unidad de Enfermedades Raras del Hospital Universitario Marqués de Valdecilla (UERVAL), que arranca en marzo y prevé unas 2.000 consultas al año para pacientes que hasta ahora andaban dispersos por el centro.
Acompañada del consejero de Salud, César Pascual, el gerente del hospital, Félix Rubial, y un buen puñado de profesionales, Buruaga ha puesto en valor los 700.000 euros que ha soltado el Gobierno regional -casi 400.000 de fondos europeos- para crear este espacio que promete atención «más cercana, coordinada y con un toque humano». «Aquí los pacientes van a encontrar humanidad, respuestas y esperanza», ha dicho, subrayando que Valdecilla se mete de lleno en la élite como centro referente en patologías raras, que tocan a unas 40.000 personas en Cantabria (unos tres millones en toda España).
La iniciativa encaja a la perfección en el Plan de Salud autonómico y en la Estrategia de Atención Integral a Enfermedades Raras, fraguada entre el Ejecutivo, asociaciones y sanitarios. El objetivo es claro: atención multidisciplinar para que nadie con una dolencia poco común se sienta un extraño en el sistema. «Queremos que se sientan arropados y bien cuidados», ha remachado la presidenta, que no ha dudado en reivindicar el compromiso con la sanidad pública, la investigación y la excelencia de Valdecilla. «Hoy respondemos mejor a los que más nos necesitan, y de eso hay que estar orgullosos».
Rubial, por su lado, ha dado las gracias al Gobierno por el empujón económico y al equipo del hospital por diseñar circuitos, protocolos y procedimientos desde cero. La gracia está en centralizar todo en un mismo sitio: médicos de doce especialidades se desplazan hasta allí, coordinados por una enfermera gestora de casos y respaldados por fisios, trabajadores sociales, psicólogos o farmacéuticos. Así, los pacientes no tienen que dar vueltas por el hospital. «Aquí tratamos a personas y familias, no solo a enfermedades», ha zanjado el gerente.
La UERVAL ocupa 200 metros cuadrados en la planta 0 de la Torre D, con seis consultas, dos salas de espera, una multitarea, baños y almacén. Todo pensado para humanizar: espacios adaptados a niños, discapacitados o con problemas de conducta, con programas de interacción social, apoyo y educación para pacientes y familias. Se busca empatía total, comunicación fluida y menos paseos por el centro, fomentando la colaboración entre servicios para un cuidado a medida.













