La Fiscalía de Cantabria ha elevado a cuatro años de prisión su petición para Jonathan Valle, el que fuera delantero del Racing y otros clubes como Málaga, Recreativo de Huelva o Burgos, por su presunta participación en una red dedicada al tráfico de drogas. El que se retirase en 2016 tras una carrera que le llevó a competir en Segunda División fue detenido a finales de 2024 junto a una decena de personas más en una operación que acabó con dos grupos desmantelados en la comunidad.
El escrito provisional de calificación fiscal, al que ha tenido acceso Europa Press, detalla que Valle se enfrenta a cuatro años de cárcel privativa de libertad en un procedimiento que suma media docena de procesados para los que el ministerio público reclama penas que oscilan entre los siete y los dos años de prisión, además de multas que alcanzan los 120.000 euros. La Fiscalía también solicita pena para dos de los implicados por tenencia ilícita de armas, completando así el cuadro de acusaciones por los delitos contra la salud pública.
El caso destapó una estructura que operaba con ramificaciones diversas. Uno de los principales investigados, que llegó a estar en prisión provisional, se dedicaba desde al menos 2024 a la distribución de estupefacientes. Cuando la Policía Nacional irrumpió en su domicilio para registrarlo, fue sorprendido junto al inodoro accionando la cisterna, maniobra que le permitió deshacerse de pruebas comprometedoras. Para organizar la guarda y distribución de la droga, este cabecilla contaba con otro procesado —también en prisión preventiva— al que abonaba 4.000 euros por su labor logística.
El esquema de actividades era variado y se adaptaba al territorio. La Fiscalía imputa a otro de los acusados la venta directa de hachís, mientras que un cuarto implicado fue interceptado comercializando cocaína en plena calle. Un quinto personaje se encargaba de surtir a consumidores habituales en su zona de residencia, utilizando como punto de entrega un depósito de contadores situado a la puerta de su inmueble, una ubicación discreta pero estratégica para el menudeo.
Los registros domiciliarios practicados por los agentes sacaron a la luz un arsenal de pruebas incriminatorias. En las viviendas de los procesados se intervinieron distintas cantidades de múltiples sustancias estupefacientes, tanto de las que causan grave daño a la salud como de las que no lo provocan, junto a dinero en efectivo procedente de las ventas, útiles para recortar dosis, armas de fuego, teléfonos móviles de uso y anotaciones contables que evidenciaban la actividad delictiva.
La Fiscalía considera que los hechos configuran delitos contra la salud pública, con especial gravedad en las sustancias que deterioran de forma severa el organismo humano. Para uno de los procesados se aplica además la agravante de reincidencia, lo que endurece la calificación penal de su conducta. La operación policial, que movilizó recursos durante meses, supuso un golpe definitivo a dos estructuras consolidadas de narcotráfico en la comunidad, poniendo fin a una trama que operaba con ramificaciones urbanas y métodos bien engrasados.
Jonathan Valle, que llegó a ser una promesa del fútbol cántabro y compartió vestuario con algunos de los mejores talentos de su generación, afronta ahora el juicio con una petición fiscal que marca un antes y un después en su trayectoria vital. El procedimiento judicial, que llegará a los tribunales en las próximas semanas, servirá para esclarecer el alcance real de su implicación en una red que llegó a tejer una tupida malla de distribución a pequeña y mediana escala por distintos puntos de la geografía cántabra.














