Conchi García, figura emblemática del folclore en Cantabria, falleció este domingo 23 de noviembre a los 56 años. Su vida estuvo marcada desde la infancia por el amor a la música y el baile tradicional cántabro, una pasión que la acompañó durante más de cuatro décadas y que se convirtió en legado para las generaciones venideras.
Nacida en Torrelavega en 1969, Conchi comenzó sus andaduras en el mundo del folclore a los nueve años, formando parte del Grupo de Danzas José Luis Hidalgo —actualmente conocido como San Pablo— bajo la dirección de Josefina Blanco y Vicente Velarde, sus primeros maestros. Su familia recuerda que ella siempre quiso que su despedida fuera celebrada con folclore, tal como expresó en su esquela: «En mi despedida, ni llores, ni flores. El dinero de éstas, para folclore». Este domingo, decenas de personas se reunieron a las puertas del tanatorio de Viérnoles, haciendo sonar panderetas en homenaje disfrazado de alegría y recuerdo.
Durante los años 80 tomó las riendas del Grupo de Danzas Santa Justa de Ubiarco, que dirigió hasta sus últimos días. Paralelamente, se adentró en la música folk siendo una de las fundadoras de Luétiga, referente fundamental en la historia musical popular de Cantabria. En los años 90 amplió su presencia en la escena folclórica local colaborando con formaciones como Llendemozó, Sel del Coz y Mayadama, y desarrolló su labor docente en las escuelas de folclore de Torrelavega y Santander, especializándose en baile y pandereta.
Entre 2007 y 2014 formó parte del grupo Gatu Malu y en 2015 se unió al Colectivo Etnográfico Brañaflor, liderado por Aurelio Vélez. Conchi era no solo intérprete sino también maestra, transmitiendo técnica, repertorio y un profundo respeto por las raíces culturales de su comunidad. Para ella, la cultura popular debía vivirse y compartirse, no solo enseñarse.
En 2023, recibió el Premio Proa durante la Gala del Folclore Cántabro, un reconocimiento por su trayectoria dedicada a la promoción y conservación de la música y tradiciones populares de Cantabria. Este galardón se sumó a otros homenajes recibidos en sus últimos años, incluido el Festival Pozu Jondu y un acto organizado por la Asociación para la Defensa de Cantabria (ADIC), donde su hijo Aquiles representó la continuidad del amor a la cultura popular que ella inspiró.
Su influencia también se remonta a generaciones de estudiantes en diferentes rincones de Cantabria, desde Liébana hasta Sarón o Guarnizo, quienes aprendieron bajo su guía el arte y la magia del folclore. Conchi admiraba a figuras como Lines Vejo, a quien consideraba su referente y acompañante en ese camino de preservación cultural.
La comunidad folclórica y la sociedad cántabra en general lamentan la pérdida de una persona que encarnó el espíritu del folclore como forma de vida y herencia. Su legado perdurará en los escenarios, las coreografías y las voces que formó y acompañó a lo largo de toda una vida.
En el tanatorio de Viérnoles, donde se desarrolló su velatorio, amigos, familiares y seguidores rindieron un emotivo adiós que respetó su deseo de celebración. “Rogamos un brindis y una sonrisa por su alma”, expresó su familia, invitando a que las panderetas y el baile vuelvan a sonar en su honor.
Conchi García Alonso se marcha, pero la música, la danza y el folclore de Cantabria mantienen viva la huella que ella imprimió con pasión, entrega y amor por sus raíces.












