Los vecinos de la zona oriental de Cantabria han querido trasladar públicamente su agradecimiento a todas las personas que, en las últimas semanas, han dedicado tiempo y esfuerzo a firmar y registrar alegaciones contra los cuatro polígonos eólicos y el proyecto de baterías de Fuente Las Varas sometidos a información pública entre febrero y marzo. Según el balance vecinal, se han reunido más de seis mil firmas y escritos de oposición a los cinco proyectos planteados, una cifra que ilustra la magnitud de la preocupación existente en el territorio.
El rechazo ciudadano se fundamenta en un amplio abanico de motivos que van más allá del mero desacuerdo con la implantación de infraestructuras energéticas. Entre las principales razones señaladas se encuentra la afección al subsuelo y a los acuíferos de la zona, cuyos recursos hídricos resultan esenciales tanto para el consumo como para las actividades agrícolas y ganaderas. A ello se suma el posible impacto sobre la avifauna y la proximidad de los proyectos al Parque Natural de las Marismas de Santoña, Victoria y Joyel, uno de los espacios de mayor valor ecológico de Cantabria.
Los colectivos vecinales alertan igualmente de las consecuencias que estos macroproyectos podrían tener para la salud y el bienestar de los residentes y visitantes. En este sentido, expresan su inquietud por la alteración del entorno inmediato, el incremento de ruidos y molestias, así como por el efecto que las nuevas infraestructuras tendrían sobre la calidad de vida en unos municipios que basan buena parte de su atractivo en el carácter rural y la tranquilidad de sus paisajes.
Otro de los puntos señalados hace referencia a la repercusión sobre la actividad ganadera. Los vecinos advierten de la reducción de superficie útil de pasto derivada de la ocupación del territorio por aerogeneradores, viales y otras infraestructuras asociadas, lo que podría traducirse en una pérdida de ayudas de la Política Agraria Común (PAC) vinculadas a las áreas de pastoreo. Este escenario, sostienen, comprometería la viabilidad económica de explotaciones que ya operan en un contexto de fuerte presión y márgenes ajustados.
El impacto sobre el turismo rural figura también entre las principales preocupaciones. Los promotores de las alegaciones recuerdan que la zona oriental de Cantabria se ha consolidado en los últimos años como destino de referencia para un turismo ligado al paisaje, la naturaleza y las segundas residencias, y temen que la proliferación de infraestructuras de gran escala afecte negativamente a la imagen del territorio y al tejido económico asociado a este sector.
Los vecinos remarcan que su oposición no se limita a un único aspecto, sino que responde a una visión global de las consecuencias que la implantación simultánea de varios polígonos eólicos y un gran sistema de almacenamiento con baterías podría acarrear sobre el medio ambiente, la economía local y el modelo de desarrollo comarcal. Insisten en que las energías renovables deben planificarse con criterios de proporcionalidad, respeto al territorio y participación real de las comunidades afectadas.













