La Dirección General de Medio Ambiente del Gobierno de Cantabria dispone ya de los primeros datos de las analíticas realizadas tras el vertido de productos químicos originado por el incendio de una nave de pinturas en el polígono de Los Tánagos, en Val de San Vicente, que, por el momento, no apuntan a muerte de peces ni a afecciones ambientales consideradas “significativas” en el entorno. Así lo han indicado fuentes del Ejecutivo autonómico, que precisan que estos resultados corresponden a las muestras tomadas el pasado miércoles, coincidiendo con el inicio del episodio, y que el estudio completo aún sigue en curso.
A estos primeros ensayos para determinar con precisión qué sustancias se vertieron y en qué concentración se encontraban las aguas en los primeros momentos del siniestro se suman las analíticas que están realizando tanto la propia Dirección General de Medio Ambiente como la de Aguas y el Centro de Investigación del Medio Ambiente (CIMA). En los días posteriores al incendio se han venido recogiendo muestras en los cauces próximos y en la zona de la ría, con el objetivo de controlar la evolución de la calidad del agua y detectar cualquier alteración que pudiera aparecer de forma diferida.
Paralelamente al trabajo de laboratorio, Medio Ambiente mantiene un dispositivo de contención en el terreno. Personal especializado recoloca y refuerza de forma permanente las barreras instaladas para frenar el avance de los productos químicos, y permanece en la zona para supervisar los trabajos y comprobar la eficacia de las medidas adoptadas. Además, se están vaciando las balsas excavadas en el entorno de la nave siniestrada, construidas de urgencia para retener, en la medida de lo posible, el vertido antes de que alcanzara los cauces naturales.
El incendio, que arrasó una nave industrial de unos 2.000 metros cuadrados dedicada a la fabricación y almacenamiento de pinturas, originó un importante volumen de residuos, tanto sólidos como líquidos, debido a la presencia de una gran cantidad de productos de origen químico. Desde el primer momento, el Gobierno regional activó un operativo específico para gestionar tanto el vertido como los restos generados por el fuego, consciente del riesgo que suponía la mezcla de pinturas, disolventes y aguas de extinción para el dominio público hidráulico y el dominio público marítimo-terrestre.
Por la tipología de los materiales almacenados en la instalación –entre ellos pinturas y disolventes–, las direcciones generales de Aguas y Puertos, y de Seguridad y Protección Ciudadana pusieron en marcha desde el inicio medidas preventivas para controlar un posible arrastre de sustancias peligrosas a ríos, arroyos y a la zona costera, provocado por las corrientes de agua empleadas en la extinción del incendio. Técnicos del Gobierno han efectuado inspecciones detalladas sobre el terreno para dimensionar con precisión el alcance del derrame y definir las acciones correctoras en cada fase de la emergencia.
En la jornada del miércoles se colocaron barreras absorbentes a lo largo del cauce afectado, con el fin de capturar las pinturas y disolventes vertidos y limitar su desplazamiento aguas abajo, reduciendo así el impacto potencial en los ecosistemas fluviales y en el medio marino próximo. De forma simultánea, se recogieron muestras tanto del propio vertido como de las masas de agua en contacto con él, que son las que ahora se están analizando para determinar su grado de contaminación y la presencia de compuestos específicos.
Los trabajos continuaron el jueves con nuevas mediciones de campo, la instalación de más barreras de contención y el despliegue de cisternas especializadas para retirar los residuos atrapados por estos elementos, con el propósito de asegurar una gestión adecuada de esos materiales y evitar riesgos añadidos en fases posteriores. La limpieza y la vigilancia en la zona se mantienen como prioridad para la administración autonómica, que tiene equipos desplazados sobre el terreno de manera continuada para garantizar que no se produzcan nuevos impactos o episodios de contaminación asociados a este suceso.
En paralelo a estas labores, se ha llevado a cabo una reconfiguración de la depuradora encargada de tratar las aguas que llegan a través del sistema de alcantarillado, con el objetivo de adaptar sus procesos al tipo de residuos que se estaban recibiendo a raíz del incendio y del vertido. Además, en el marco del convenio que el Ejecutivo cántabro mantiene con la Asociación de Excavadores de Cantabria (AEXCA), se ha habilitado en el entorno del polígono industrial una balsa de retención específica para recoger las aguas de escorrentía contaminadas.
Sobre el terreno se han esparcido distintos productos absorbentes, como sepiolita y arena de sílice, para atrapar la fracción más viscosa del residuo y los restos de productos químicos que pudieran permanecer adheridos al suelo en la zona del incendio. Esta intervención se completa con una segunda balsa de retención habilitada en una finca colindante, que actúa como un nuevo punto de control para interceptar posibles arrastres y minimizar cualquier afección adicional al entorno natural.
Las autoridades mantienen abierto el seguimiento del episodio a la espera de contar con el conjunto de los análisis previstos, que permitirá afinar la valoración del impacto real del vertido. De momento, los datos disponibles apuntan a que las medidas de contención adoptadas desde las primeras horas, unidas al dispositivo de limpieza y vigilancia, están evitando una afección ambiental de mayor alcance en la zona de Los Tánagos y su entorno.














