STEC ha presentado su estudio anual sobre las unidades concertadas en centros privados que, atendiendo a la matrícula, no cumplirían los criterios de mantenimiento de grupos que sí se exigen en la red pública. El sindicato recuerda que esos conciertos nacieron hace cuatro décadas como medida temporal, para hacer frente a un contexto demográfico en el que la red pública no daba abasto. Desde entonces, sostiene STEC, los centros privados han pasado a funcionar como una “competencia desleal” para la Pública, combinando ingresos públicos con cuotas privadas encubiertas.
El sindicato subraya que hoy esa justificación ha desaparecido: en la última década Cantabria ha perdido un 16% de alumnado y las proyecciones hablan incluso de una caída del 30% en la próxima década. En ese escenario, criticar el mantenimiento de centros privados concertados con dinero público mientras se cierran líneas o se eliminan grupos en la red pública se ha convertido para STEC en un “absurdo racional y económico”.
Centros, unidades y gasto público superfluo
Según el análisis sindical, hay 16 centros privados con un total de 21 unidades concertadas ―8 en 2.º ciclo de Infantil, 9 en Primaria y 4 en ESO― cuya continuidad equivaldría a un gasto público redundante. Además, se mantiene la financiación de 15 unidades de Bachillerato en centros privados, una etapa que, al ser postobligatoria, no está contemplada en el régimen de conciertos.
El sindicato ha registrado el estudio y ha solicitado formalmente a la Consejería de Educación que, como mínimo, se aplique el mismo criterio de mantenimiento o supresión de grupos a la privada concertada que al resto de la red. Desde STEC estiman que, en las condiciones actuales, se podrían ahorrar unos 3 millones de euros que permitirían, por ejemplo, bajar las ratios en 4.º de Primaria y 1.º de ESO el próximo curso, mejorando las condiciones de trabajo del profesorado y el aprendizaje del alumnado.
El caso de la red pública y el cierre de líneas
STEC pone como ejemplo reciente el CEIP El Pedregal de Castro, donde se ha procedido al cierre de la línea mientras se mantiene financiado un centro privado de la misma fundación que gestiona el inmueble. La misma lógica, advierten desde el sindicato, podría replicarse en otros valles de la región si no se introducen cambios en la gestión de la red.
El sindicato insiste en que la Administración, que tendría el deber de racionalizar recursos, no está aplicando el mismo rasero en la privada concertada: mientras en la Pública se cierran grupos al no alcanzar el mínimo de matrícula, en la privada se mantiene la financiación de unidades claramente infradimensionadas, lo que se traduce en un doble coste para las arcas públicas y en una pérdida de peso relativo de la educación pública.
Calendario escolar y primacía del calendario litúrgico
Desde STEC también se critica la elaboración del calendario escolar de Cantabria, que consideran sesgada por criterios religiosos. Pese a los intentos de “disfrazar” el diseño con un proceso participativo desequilibrado, el sindicato señala que el problema central está en la vinculación con el calendario litúrgico, que descompensa el reparto pedagógico del curso.
La Semana Santa, que cada año se desplaza según la primera luna llena tras el equinoccio de primavera, no suele coincidir con la primera semana de marzo, fecha que sí se considera adecuada desde el punto de vista pedagógico para un descanso equilibrado dentro de un curso organizado en cinco bimestres. Por ello, el sindicato sostiene que la semana no lectiva asociada a la Semana Santa desequilibra por completo los periodos, rompiendo la lógica curricular y alterando la planificación de las familias y del propio profesorado.
Sobrerrepresentación de la privada y retroceso aconfesional
STEC denuncia que la Consejería, en la configuración del calendario, ha construido un marco que sobrerrepresenta a la educación privada, mayoritariamente católica, pese a que este sector concentra solo una cuarta parte del alumnado. El resto de la comunidad educativa, afirman, se ve minorizada en la toma de decisiones, mientras los planteamientos se inclinan claramente hacia intereses de la enseñanza religiosa.
El sindicato recuerda que, a nivel estatal, el alumnado matriculado en la asignatura de Religión ha caído en torno a 30 puntos en Primaria y 20 en Secundaria en este siglo, perdiendo casi 370.000 estudiantes solo en los últimos cinco años. Ante una realidad educativa cada vez más diversa y plural, STEC insiste en que la tendencia debe ir hacia la aconfesionalidad del sistema y en dar prioridad a marcos pedagógicos basados en criterios científicos y didácticos, no en fechas litúrgicas.
Riesgos para el rendimiento y el clima escolar
El sindicato advierte de que los planteamientos actuales del Gobierno, apoyados en los representantes de la educación católica y en contra de quienes defienden la mayoría de la red pública, suponen un “ grave retroceso ”. En su opinión, esa lógica acabará perjudicando el rendimiento académico, por la discontinuidad y el desajuste temporal del curso, y también el clima escolar, al introducir tensiones entre familias, docentes y centros de distinta orientación.
STEC concluye reiterando la necesidad de que Consejería de Educación ajuste el tratamiento de las unidades concertadas al mismo baremo que aplica en la pública, y de que el calendario escolar se diseñe a partir de criterios exclusivamente pedagógicos y no vinculado al calendario litúrgico, en sintonía con la cada vez más marcada aconfesionalidad de la comunidad educativa.














