El titular de la plaza número 5 del Juzgado de Primera Instancia de Torrelavega ha dictado una resolución que declara que José Bolado Álvarez, vecino de la capital del Besaya, fue condenado en marzo de 1939 a 30 años de reclusión mayor «sin quebrantar ley alguna y por su ideología política», al estar afiliado al Partido Comunista. Esta declaración responde a la solicitud de la Fiscalía de Memoria Democrática, que impulsó un expediente de jurisdicción voluntaria para esclarecer hechos ocurridos hace décadas en esta comunidad autónoma.
El magistrado detalla en el auto que el torrelaveguense sufrió un juicio sumarísimo en un Consejo de Guerra celebrado en Santander, «con exclusión o negación absoluta de cualquier derecho de defensa, sin poder aportar prueba alguna o hacer alegaciones». Así, Bolado fue privado de libertad de manera arbitraria durante seis años, cuatro meses y trece días, sin haber cometido delito alguno, en lo que el juez califica como una «privación de libertad injusta e inhumana».
La historia de Bolado arranca con su detención en Torrelavega e ingreso en prisión en mayo de 1938. Diez meses más tarde, en marzo de 1939, llegó la condena por el delito de adhesión a la rebeldía. No obtuvo la libertad condicional hasta 1944, y la definitiva se le concedió en 1957. Durante su encierro, fue sometido a trabajos forzados en Talavera de la Reina (Toledo). Incluso tras salir, el control no cesó: debía presentarse semanalmente en la comisaría de Torrelavega y era vigilado de cerca cuando Franco visitaba Cantabria.
El juez, tras examinar la prueba documental —especialmente la sentencia condenatoria—, no duda en estimar la petición fiscal. Aquella resolución «está carente de valoración de elemento probatorio de cargo en su contra» y no garantizó «el más mínimo derecho de defensa». Peor aún, emplea calificaciones como «vago, maleante y matón», términos «arbitrarios» que delatan la animadversión del órgano sentenciador, motivada únicamente por su militancia comunista. «De lo cual solo puede concluirse la arbitrariedad, injusticia y vulneración de los más elementales derechos de defensa», sentencia el magistrado.
El calvario de Bolado no se limitó a la cárcel. Fue sometido a trato vejatorio, como obligarle a asistir a misa pese a no profesar religión alguna, según atestiguó su hijo en la vista oral. A esto se suma el estricto control posterior: firmas dominicales en el cuartel y vigilancia especial durante las visitas del dictador o de su sucesor designado, el príncipe Juan Carlos, a Cantabria.
Esta resolución pone nombre y apellidos a las sombras del pasado, reconociendo el sufrimiento de un hombre que pagó con años de su vida su ideas políticas. En Torrelavega y en el conjunto de esta tierra, casos como el de José Bolado Álvarez sirven para cerrar heridas abiertas por la represión franquista, gracias a mecanismos como la jurisdicción voluntaria impulsada por la Fiscalía. Un paso más en la memoria de Cantabria, que no olvida ni permite que se repita.














