El malestar del sector primario volvió a hacerse visible este jueves en Santander. Ganaderos y agricultores regresaron a las calles para denunciar una situación que consideran límite y para reclamar respuestas que, aseguran, siguen sin llegar. La movilización, la tercera en menos de un mes, estuvo atravesada por episodios de tensión, discusiones con la Policía Nacional y un ambiente de enfado generalizado.
A partir del mediodía, decenas de tractores comenzaron a entrar en la ciudad formando una caravana lenta y ruidosa, escoltada por manifestantes que avanzaban a pie. Las bocinas resonaron durante todo el recorrido, acompañadas de petardos y consignas, mientras vecinos y transeúntes observaban el paso de la protesta, en muchos casos mostrando su apoyo.
Las organizaciones convocantes estimaron en torno a 250 los vehículos agrícolas participantes y cerca de 700 las personas movilizadas. Una cifra inferior a la registrada en la última convocatoria, pero suficiente para provocar importantes afecciones al tráfico en varias zonas del centro urbano.
Dificultades para registrar sus demandas
Uno de los primeros puntos conflictivos se produjo frente al Parlamento de Cantabria. Hasta allí se dirigieron varios portavoces del sector con la intención de registrar un escrito dirigido a los grupos parlamentarios, en el que solicitan ser recibidos para explicar de primera mano los problemas que atraviesa el campo cántabro.
La imposibilidad inicial de acceder al edificio generó un clima de nerviosismo que fue creciendo con el paso de los minutos. Los reproches subieron de tono y se produjeron momentos de empujones entre manifestantes y agentes de la Policía Nacional desplegados en la zona.
Tras la mediación de varios diputados autonómicos, los representantes consiguieron finalmente entregar la documentación, lo que permitió continuar con la movilización, aunque con un ambiente ya muy cargado.
Camino a la Delegación del Gobierno
Mientras una parte de los participantes aguardaba a pie en las inmediaciones del Parlamento, los tractores completaban su itinerario por distintas calles de la ciudad antes de regresar al punto de encuentro. Desde allí, todos juntos se dirigieron hacia la Delegación del Gobierno.
La escena combinaba una cabecera formada por manifestantes caminando y, tras ellos, una larga fila de tractores avanzando lentamente. En uno de los vehículos que abría la marcha se podía ver un maniquí con la imagen de la presidenta de la Comisión Europea, así como un ternero muerto, con el que los ganaderos querían denunciar los ataques del lobo al ganado.
A su llegada a Calvo Sotelo, el animal fue depositado frente a la entrada del edificio, mientras se escuchaban consignas que aludían a la dureza del trabajo en el campo y a la falta de protección.
Nuevos momentos de tensión
La situación volvió a complicarse cuando algunos manifestantes intentaron situar un tractor junto a la fachada de la Delegación. La intervención policial para evitarlo derivó en forcejeos, gritos y momentos de gran nerviosismo.
Varios ganaderos acusaron a las fuerzas de seguridad de obstaculizar su derecho a protestar y expresaron su indignación por el trato recibido durante toda la jornada.
El delegado sale a dar explicaciones
Ante el clima de crispación, el delegado del Gobierno en Cantabria, Pedro Casares, salió al exterior con un megáfono para dirigirse a los concentrados. Prometió seguir trabajando en favor de un sector que calificó de fundamental, aunque sus palabras fueron recibidas entre abucheos y gritos.
Posteriormente, una representación de las organizaciones agrarias accedió al interior del edificio para mantener una conversación directa con Casares. El encuentro estuvo marcado por el tono duro y los reproches.
Los portavoces trasladaron su cansancio tras años de reivindicaciones sin resultados visibles y subrayaron que su objetivo no es obtener ayudas puntuales, sino cambios de fondo.
Discurso de una joven ganadera
Durante la concentración, una joven profesional del sector tomó la palabra para dirigirse tanto a los manifestantes como a la ciudadanía. Pidió disculpas por las molestias ocasionadas, pero defendió la necesidad de salir a la calle.
“Cada vez se nos pide más esfuerzo y cada vez recibimos menos respaldo”, afirmó, despertando el aplauso de muchos de los presentes.
Qué reclama el sector
El documento entregado a las instituciones recoge un amplio catálogo de peticiones: más presupuesto para el sector primario en Cantabria, simplificación administrativa, oposición a acuerdos comerciales como Mercosur, medidas sanitarias proporcionadas ante la dermatosis nodular bovina, mayor control del lobo y garantía de mantenimiento del presupuesto de la Política Agraria Común.
Durante el recorrido, distintos representantes advirtieron de que el cierre de explotaciones es continuo y que, de no cambiar la situación, la producción local de alimentos se verá seriamente comprometida.
Quema de paja como símbolo
Como gesto final de protesta, los manifestantes prendieron fuego a paja y restos de madera frente a la Delegación del Gobierno, una imagen que ya se ha repetido en anteriores tractoradas y que simboliza el hartazgo del sector.
A media tarde, algunos representantes seguían reunidos con el delegado, mientras el resto de participantes permanecía concentrado en el exterior.
La movilización terminó sin arrestos, pero con una sensación compartida entre los ganaderos: el conflicto sigue abierto y no piensan rendirse.













