El magistrado presidente del tribunal del jurado que juzgó a un hombre por irrumpir en una autocaravana y violar a una mujer que dormía en su interior le ha condenado a cinco años de prisión. La sentencia, notificada hace poco, es recurrible en apelación ante el Tribunal Superior de Justicia de Cantabria y lo declara autor de un delito de allanamiento de morada en concurso con agresión sexual.
Se aplican dos atenuantes: la responsabilidad penal por reparación del daño, al consignar 3.000 euros antes del juicio como pago parcial y pedir perdón por escrito; y la confesión en el allanamiento, reconocido por el propio condenado. Además de la cárcel, se le prohíbe acercarse o comunicar con la víctima durante siete años, lo inhabilita para profesiones con menores por diez años y le impone una medida de seguridad de otros seis años tras cumplir la pena.
Responsabilidad civil e indemnización
En responsabilidad civil, el agresor debe indemnizar a la mujer con 9.950 euros por los perjuicios físicos, el daño moral y la secuela psicológica que arrastra. De esa cantidad, los 3.000 euros ya consignados judicialmente irán directos a la perjudicada, quedándole al condenado abonar los 6.000 euros pendientes. Esta resolución busca compensar en parte el calvario sufrido por la víctima desde aquella madrugada en la playa de Los Peligros.
La sentencia equilibra la gravedad de los hechos con las atenuantes probadas, pero mantiene una condena firme que refleja el impacto en la vida de la afectada. El jurado, por unanimidad, dio por acreditados los dos delitos, sellando así el veredicto tras las pruebas presentadas en la vista oral.
Relato probado de los hechos
Todo ocurrió a primera hora de la mañana, cuando la mujer dormía junto a su pareja en una autocaravana estacionada en la playa de Los Peligros, en Santander. El acusado abrió la puerta de la furgoneta, que estaba cerrada pero sin llave echada, y se coló dentro sin permiso. Una vez en el interior, se aproximó a la cama de la pareja y, dirigiéndose a la mujer dormida, metió la mano por dentro de su pijama e introdujo uno o varios dedos en su vagina.
La víctima se despertó al instante y, al percatarse de la agresión, dio un grito que alertó a su compañero. El intruso salió huyendo de la autocaravana y echó a correr por la playa. Este relato lo declaró probado el jurado por unanimidad, con base en el testimonio de la mujer y la prueba forense que halló ADN del acusado en las muestras tomadas de la agredida.
Allanamiento reconocido y agresión acreditada
El delito de allanamiento quedó confesado por el propio procesado, que admitió haber entrado en el vehículo habitable sin autorización. La agresión sexual se sostuvo con la declaración de la víctima y el informe pericial que confirmó la presencia biológica del condenado en su cuerpo. Estas pruebas resultaron clave para el veredicto unánime del jurado, que descartó cualquier duda sobre lo sucedido en esa autocaravana aparcada junto al mar.
El tribunal resaltó cómo el acusado aprovechó el sueño de la pareja y la puerta mal cerrada para consumar el ataque, dejando a la mujer con secuelas duraderas. La sentencia detalla el impacto inmediato, con el grito de la víctima como único freno a una situación que podía haber empeorado.
Rechazo a la atenuante de embriaguez
La defensa pidió sin éxito la atenuante por embriaguez, pero el jurado la desestimó por falta de pruebas de que el acusado hubiera bebido alcohol antes de los hechos. Ni la mujer, ni su pareja, ni los agentes que lo detuvieron notaron olor a alcohol ni signos de tambaleo en su caminar. Al contrario, los policías declararon en la vista que se le veía bien y andaba con normalidad.
Este extremo refuerza la voluntad deliberada del intruso, que actuó con lucidez pese a la hora temprana. La sentencia cierra así un caso que pone de manifiesto los riesgos de pernoctar en vehículos en zonas públicas, pero sobre todo la vulnerabilidad ante agresiones imprevisibles como esta en plena playa santanderina.













