Los ganaderos de Cantabria han decidido arrancar 2026 en la calle. Este viernes 9 de enero han convocado en Santander una marcha a pie y una tractorada, con alrededor de un centenar de vehículos, para “alzar la voz” ante lo que consideran una situación “crítica” del sector, golpeado por los recortes previstos en las ayudas de la Política Agraria Común (PAC), el posible acuerdo comercial entre la Unión Europea y Mercosur, la expansión de enfermedades emergentes como la Dermatosis Nodular Contagiosa y la presión creciente del lobo sobre la ganadería extensiva.
La protesta tendrá dos frentes. La marcha a pie partirá a las 12.00 horas desde la calle Burgos, mientras que los tractores se concentrarán en la zona de Cajo para, desde allí, sumarse al recorrido y acompañar al grueso de manifestantes hasta la Delegación del Gobierno, donde se leerá un manifiesto. El sector subraya que esta primera gran movilización de 2026 llega con “todas” las organizaciones del campo cántabro remando en la misma dirección.
La convocatoria ha sido presentada por el secretario general de UGAM‑COAG, Luis Pérez Portilla; el de UPA Cantabria, Alberto Pérez Quintial, y el presidente de ASAJA en la comunidad, Manuel Herrero. Junto a ellos se han sumado la organización profesional agraria AIGAS; las cooperativas Agrocantabria, Valles Unidos del Asón y la de Comillas; la Asociación Frisona de Cantabria y la Federación de Razas Cárnicas, un bloque que los convocantes destacan como “sin fisuras”. Además, han hecho un llamamiento explícito a la ciudadanía para que participe, porque, recuerdan, “de lo que hablamos es de la alimentación, que es cosa de todos”.
En el centro de las reivindicaciones está la PAC. Los representantes del campo aseguran que las rebajas planteadas para el próximo periodo supondrán, de facto, una subida de precios al consumidor y un recorte letal para la rentabilidad de las explotaciones. Calculan que las ayudas pueden caer un 22% y, si se suma el efecto del IPC, el recorte real podría rondar el 33%. A ello enlazan su rechazo frontal al acuerdo de libre comercio entre la UE y Mercosur, que, a su juicio, abriría la puerta a la entrada masiva de productos agrarios procedentes de terceros países con estándares “dudosos” de producción.
“No entendemos cómo se quiere externalizar la producción de alimentos a terceros países de dudosa procedencia y producción”, lamenta Pérez Portilla, que insiste en que la “soberanía alimentaria” de Europa y de España debería ser “una prioridad”. Los portavoces del sector denuncian que, mientras a los ganaderos cántabros se les exige cumplir una “muchísima normativa” y rigurosos “criterios sanitarios”, el acuerdo con Mercosur se plantea como moneda de cambio para que países como Alemania puedan “vender vehículos y productos farmacéuticos”. Temen que este tratado marque “un antes y un después” y suponga “el fin del sector primario en Europa” tal y como se conoce hoy.
A este escenario se suma la preocupación por la Dermatosis Nodular Contagiosa, una enfermedad emergente del ganado bovino que ya se ha extendido con fuerza en Francia. Los ganaderos reclaman una “hoja de ruta clara” y exigen que se revise la categoría sanitaria de la enfermedad, de modo que un positivo en una res no implique el sacrificio de toda la cabaña de la explotación, sino únicamente del animal afectado. También piden que la vacunación sea voluntaria y quede en manos de la decisión de los propios profesionales del campo.
“Lo que no puede ser es que una enfermedad, y sobre todo unos intereses comerciales, se lleven por delante las cabañas ganaderas, las granjas y las familias que vivimos de ello”, subrayan los convocantes, que reclaman decisiones firmes tanto del Ministerio como de la Comisión Europea. Advierten de que, si la Dermatosis entra en Cantabria en los términos en que lo ha hecho en Francia, el impacto sería “desastroso” para la cabaña bovina de la comunidad.
El lobo es otro de los focos de conflicto que alimentan el malestar del sector. Los ganaderos aseguran que el cánido está ya “extendido por todas las zonas de Cantabria” y que hay áreas donde “es imposible realizar ganadería extensiva” porque los ataques se suceden “día a día”. Por ello demandan ampliar las medidas de control poblacional y revisarlas de manera que la protección del lobo no condene a la desaparición a la ganadería extensiva, que consideran clave para el mantenimiento del paisaje, la economía rural y la prevención de incendios.
Sobre todo ello planea una queja recurrente: la “excesiva” burocracia. Los representantes del sector aseguran que el campo se enfrenta a una carga de papeleo que “no aporta nada” a la producción y que “solo contribuye a que desaparezcan explotaciones”, especialmente las más pequeñas, que no disponen de estructura para asumir ese peso administrativo.
Son, resumen, “muchas” las razones que les empujan a salir a la calle este viernes. Al mismo tiempo, dejan claro que no quieren que la protesta se convierta en arma arrojadiza entre partidos. “No queremos que nadie se adueñe de esta movilización para utilizarla a su antojo. Solo se acuerdan de nosotros cuando vienen elecciones”, reprochan. Por eso, insisten, la marcha y la tractorada son, ante todo, un grito del campo cántabro para hacerse escuchar antes de que, según temen, sea demasiado tarde.













