Nicolás Maduro comenzó el año con una oferta de diálogo a Donald Trump para combatir el narcotráfico, pero la respuesta de Estados Unidos llegó de madrugada con bombardeos sobre Caracas y otras zonas costeras. Hacia las dos de la mañana se detectaron las primeras aeronaves estadounidenses violando el espacio aéreo venezolano, seguidas de ataques con helicópteros de asalto contra objetivos militares y logísticos.
Vídeos difundidos en redes sociales muestran las detonaciones en Fuerte Tiuna, el principal acuartelamiento militar al oeste de la capital, y en la base aérea de La Carlota. Vecinos grabando desde sus ventanas alertaban visiblemente alarmados: «Fuerte Tiuna está explotando», se escucha en varias de esas imágenes que circularon durante la madrugada.
El propio Trump confirmó la operación en su red Truth Social, donde aseguró que Estados Unidos había ejecutado «con éxito un ataque a gran escala contra Venezuela» y que Maduro, junto a su esposa, había sido «capturado y trasladado en avión fuera del país». El presidente norteamericano ha convocado una rueda de prensa en su residencia de Mar-a-Lago a las 11 horas locales, 17 horas en España peninsular.
Ante la situación, el Gobierno venezolano ha decretado el «estado de Conmoción Exterior» en todo el territorio nacional, una medida que otorga poderes extraordinarios al Ejecutivo y suspende gran parte de las libertades y derechos ciudadanos con el objetivo de «proteger a la población, el funcionamiento de las instituciones republicanas y pasar de inmediato a la lucha armada», según los medios oficialistas.
El ministro de Defensa venezolano, Vladimir Padrino López, ha anunciado el despliegue total de las fuerzas armadas y ha afirmado que «nos han atacado, pero no nos doblegarán», haciendo un llamamiento a la unidad para resistir «la peor agresión» recibida por el país. Por su parte, la vicepresidenta Delcy Rodríguez, que asume temporalmente el mando, ha exigido a Estados Unidos una «prueba de vida» de Maduro ante los rumores crecientes de que podría haber fallecido durante la operación militar.
Los aliados del régimen chavista han reaccionado con rapidez. El presidente colombiano Gustavo Petro denunció en redes que «en este momento bombardean Caracas» y pidió reuniones urgentes de la Organización de Estados Americanos (OEA) y de la ONU. Cuba, por su parte, ha calificado el ataque de «criminal» a través de su canciller Bruno Rodríguez, exigiendo una respuesta inmediata de la comunidad internacional.
Irán también se ha pronunciado en un comunicado del Ministerio de Exteriores, donde sostiene que «el ataque militar de Estados Unidos contra Venezuela constituye una violación manifiesta de los principios fundamentales de la Carta de las Naciones Unidas y de las normas básicas del derecho internacional».
La ofensiva materializa las amenazas que Trump lanzó en noviembre pasado, cuando justificó posibles ataques contra territorio venezolano por la implicación directa de Maduro en el narcotráfico. Washington nunca ha ocultado su apoyo a la líder opositora María Corina Machado, Premio Nobel de la Paz, en un contexto marcado por las controvertidas elecciones del pasado año, cuya victoria oficialista nunca ha sido avalada con las actas completas por parte del chavismo.
Analistas ya trazan paralelismos con la operación que en 1989 acabó con la caída de Manuel Antonio Noriega en Panamá, también bajo acusaciones de narcotráfico y tras una intervención militar estadounidense. El secretario de Estado Marco Rubio ha avanzado que la operación contra Caracas «ha concluido», según el senador republicano Mike Lee.
Este último, que inicialmente cuestionó en la red X la legitimidad del ataque «en ausencia de una declaración de guerra o autorización para el uso de la fuerza militar», ha matizado después que la acción estaría amparada por la autoridad inherente del presidente bajo el Artículo II de la Constitución para proteger al personal estadounidense ante un «ataque real o inminente». La fiscal general de Estados Unidos ha confirmado que Maduro será juzgado por narcotráfico y terrorismo.
El Gobierno venezolano, por su parte, ha pedido una prueba de vida del presidente y de la primera dama. Desde España, Pedro Sánchez ha realizado un llamamiento a la «desescalada y a la responsabilidad», mientras Exteriores confirma que ha contactado con el embajador en Caracas y que todo el personal diplomático se encuentra a salvo.









