A día de hoy, Cantabria continúa bajo máxima alerta con dos incendios forestales aún activos que demandan la atención constante de los equipos de extinción. El primero de ellos permanece activo en Los Corrales de Buelna, concretamente en la Cantera de Las Caldas, una zona de acceso tremendamente complicado que dificulta enormemente las tareas de sofocación, mientras que el segundo foco se sitúa en Rionansa, en la zona de San Sebastián. Estos dos focos abiertos se acompañan de otros tres incendios que, aunque controlados, siguen requiriendo vigilancia constante para evitar cualquier rebrote o cambio de situación. Dos de estos fuegos controlados se encuentran en Cillorigo de Liébana, en las zonas de Pendes y Bejes-Las Peñas, áreas típicamente peligrosas por su orografía complicada y su difícil acceso, mientras que el tercero permanece controlado en la Villa de San Mateo en el municipio de Los Corrales de Buelna, en la Jerrizuela. Ante esta situación de riesgo evidente, el Gobierno cántabro mantiene el nivel 2 del operativo de extinción de incendios forestales activado en todas y cada una de las comarcas de la comunidad autónoma, una decisión que refleja la seriedad del panorama actual y la necesidad de estar completamente preparados para cualquier escalada de los focos activos o la aparición de nuevos conatos.
La madrugada del miércoles al jueves fue especialmente caótica y peligrosa para los equipos de extinción de incendios en Cantabria, marcando un punto de inflexión en la crisis. En cuestión de apenas minutos, los incendiarios prendieron una veintena de fuegos casi simultáneamente, aprovechando la oscuridad de la noche y el furioso viento sur que soplaba sin tregua. La combinación de rachas huracanadas que superaban los 160 kilómetros por hora, una humedad prácticamente inexistente en el aire y temperaturas absolutamente impropias de noviembre convirtió esa madrugada en un auténtico desafío logístico y humano para todos los medios disponibles. Fue entonces cuando las autoridades comprendieron la magnitud real de lo que estaba ocurriendo: no se trataba de incendios aislados, sino de una campaña coordinada de provocación que ponía al límite toda la capacidad de respuesta del territorio. A primera hora del jueves, el balance oficial dejaba ocho incendios controlados, seis completamente extinguidos y otros seis aún activos en distintos puntos de la geografía cántabra. La jornada se desarrolló en un constante ir y venir de actualizaciones, con equipos corriendo de un foco a otro en un juego agotador contra el fuego y el viento. Conforme avanzó el día, la situación se fue estabilizando parcialmente, aunque con la tensión de saber que la situación podría empeorar en cualquier momento.
Durante todo el día, el operativo de extinción centró su esfuerzo máximo en tres puntos especialmente conflictivos y críticos: Proaño, en Campoo de Suso; Puente Viesgo; y las Peñas de Bejes, en Cillorigo de Liébana, donde los riesgos de desprendimiento en el Desfiladero de la Hermida añadían otra capa de peligro a las operaciones. En Puente Viesgo, el fuego se desplazó por la mañana temprano hacia San Felices y la zona de la cueva de El Castillo, impulsado de forma agresiva por las rachas de viento, aunque afortunadamente por la tarde estaba completamente extinguido. En Proaño, las llamas llegaron a acercarse peligrosamente al núcleo urbano, generando momentos de verdadera tensión entre los vecinos, pero las primeras lluvias traídas por la borrasca Claudia ayudaron decisivamente a enfriarlo hasta darlo por controlado. En Liébana, la situación era más compleja aún: las precipitaciones y la acción exhaustiva de los equipos sobre el terreno redujeron gradualmente la intensidad del fuego en Bejes, donde los vecinos y autoridades locales transmitían cierto alivio ante la mejoría progresiva, aunque la vigilancia se mantuvo constante las 24 horas. El director general de Montes y Biodiversidad, Ángel Serdio, admitía en las primeras horas de la mañana que la gran dificultad había sido «la simultaneidad de los fuegos», algo que no es fruto de la casualidad sino de la intencionalidad evidente de quienes los provocaron deliberadamente.
El panorama, sin embargo, se tornó dramático entre Pendes y Cabañes, donde el incendio arrasó completamente el singular paraje de El Habario, destruyendo buena parte de sus castaños centenarios, árboles que constituían un patrimonio natural invaluable de esa zona. La pérdida fue real y tangible, no solo en cifras de hectáreas quemadas sino en la desaparición de ejemplares únicos que llevaban cientos de años creciendo en esas montañas. «Queda muy poco, esto va a menos», reconocía con evidente desolación el alcalde de Peñarrubia, Secundino Caso, al mediodía, después de una madrugada de tensión extrema y de temor constante a nuevos desprendimientos de roca en el Desfiladero de la Hermida, que habría puesto en grave riesgo a población y equipos de emergencia. La consejera de Desarrollo Rural, María Jesús Susinos, no escondió su indignación y subrayó que el operativo cántabro «está perfectamente preparado» para enfrentar estos retos, pero no dudó en señalar con dureza a «los desalmados que buscan deliberadamente dañar nuestro patrimonio natural». Hizo un llamamiento firme a la responsabilidad ciudadana y animó a todos a avisar de inmediato al 112 ante cualquier sospecha o actividad irregular: «No podemos permitir que unos pocos pongan en riesgo la vida de nuestros brigadistas y el futuro de nuestros montes», afirmó con convicción.
Las condiciones meteorológicas fueron durante toda la crisis el gran obstáculo casi insuperable. Con la comunidad autonómica en alerta amarilla y naranja por viento extremo, en algunas zonas especialmente expuestas como San Roque de Riomiera se alcanzaron rachas que llegaron hasta los 162 kilómetros por hora, mientras que en Picos de Europa se registraron 157 kilómetros por hora, valores más propios de un temporal de invierno que de una jornada de mediados de noviembre. En el Alto Campoo se contabilizaban 108 kilómetros por hora. A pesar de estas condiciones meteorológicas tan adversas, la entrada de la borrasca Claudia trajo consigo algo de lluvia en las zonas del sur de la comunidad, lo que alivió parcialmente la situación general y permitió a los equipos ganar terreno en el control de los focos.
El número de incendios ha llegado a ser alarmante: 53 en lo que va de mes de noviembre, casi un récord histórico para la comunidad autónoma. En las últimas doce horas de crisis se habían sumado doce nuevos conatos, lo que evidencia sin lugar a dudas la intencionalidad deliberada de los incendios y el riesgo extremo que suponen las actuales condiciones climatológicas. El viento no solo avivaba las llamas, sino que las propagaba a velocidades preocupantes. Desde el 112 se contabilizaron once incidencias más relacionadas directamente con el viento: árboles y ramas caídas en distintos municipios, un corte eléctrico importante en Los Corrales de Buelna y daños materiales registrados en Santillana del Mar y Cieza. Todas las comarcas cántabras continúan bajo el nivel 2 del operativo de lucha contra incendios, y las quemas están totalmente prohibidas debido al riesgo extremo de propagación que cualquier foco adicional pudiera generar.
Las autoridades hacen un llamamiento urgente a la población recordando que, mientras sigan activos los avisos meteorológicos, es fundamental asegurar adecuadamente objetos en balcones y terrazas, evitar zonas arboladas durante las horas de mayor viento y extremar la precaución en carretera, especialmente en viaductos y salidas de túnel. Ante cualquier incidente relacionado con el viento, fuego o accidentes, se recomienda avisar de inmediato al 112 y seguir la información a través de los canales oficiales de la Consejería de Desarrollo Rural. La consejera Susinos ha insistido repetidamente en que la colaboración ciudadana es clave para frenar esta ola de siniestros que amenaza el territorio, y que cualquier denuncia sobre actividades sospechosas puede marcar la diferencia en la prevención de nuevos focos intencionales.
Aunque la mejoría del tiempo a partir del fin de semana permita cierto respiro y alivio psicológico a los equipos de extinción, las próximas horas siguen siendo absolutamente decisivas para dar por sofocados los últimos focos aún activos en Los Corrales de Buelna y Rionansa. Las cuadrillas continúan desplegadas sobre el terreno en condiciones de extrema dureza, pendientes de los cambios en la dirección del viento y de la evolución de una situación que sigue siendo frágil y potencialmente explosiva. El trabajo silencioso de bomberos, brigadistas y voluntarios ha sido ejemplar, pero la intencionalidad de quienes provocan estos fuegos pone en grave riesgo tanto sus vidas como el patrimonio natural de Cantabria, un patrimonio que pertenece a todos y que debe ser protegido sin tregua ni descanso. La lucha continúa sin pausa, alimentada por la determinación de proteger lo que es de todos.













