El azul se impondrá finalmente al negro en el nuevo pavimento de los Jardines de Piquío, tras una votación popular organizada por el Ayuntamiento de Santander. Sin embargo, la elección ciudadana que pretendía poner en valor la voz de los vecinos ha quedado deslucida por una participación claramente simbólica: solo 854 personas empadronadas en la ciudad ejercieron su derecho a decidir, una cifra que representa poco más del 0,4 % de la población municipal.
La consulta, celebrada entre el 19 y el 27 de abril en el Casino del Sardinero y acompañada por una exposición histórica sobre Piquío, enfrentaba dos opciones cromáticas con fuerte carga simbólica: el negro tradicional del viejo asfalto fundido y el azul que desde finales de los 90 tiñó, aunque de forma provisional, los caminos del parque. El 62,7 % de los participantes se decantó por el azul (536 votos), mientras que el negro cosechó 318 apoyos.
Para el concejal de Fomento, Agustín Navarro, la iniciativa “ha permitido incorporar las preferencias de los santanderinos en una actuación muy demandada”, con una inversión superior a 1,3 millones de euros. A pesar del tono positivo del Ayuntamiento, lo cierto es que la escasa afluencia refleja una desconexión ciudadana con un proceso cuya relevancia real era limitada, y cuya capacidad para involucrar al conjunto de la población ha sido más estética que efectiva.
Más allá de la estadística, la votación revela que la participación en decisiones sobre el espacio público sigue siendo un reto pendiente para las administraciones locales. La consulta sobre el color de un pavimento, por muy emblemático que sea el lugar —y Piquío lo es, por historia y simbolismo—, parece no haber despertado el interés ni la implicación ciudadana que se buscaba. Tal vez porque, en un momento en el que preocupan la vivienda, el transporte o el estado de las playas, el debate cromático se percibe como algo menor. O quizás porque cuando todo está ya bastante definido, la participación se convierte más en una escenografía que en una herramienta real de decisión.
La renovación de los Jardines de Piquío continuará, fiel al diseño original de Ramiro de Mesones, con caminos curvos, parterres y bancos restaurados. Esta vez, teñidos de azul.














