La Santa Sede ha confirmado este lunes el fallecimiento del papa Francisco a los 88 años, tal y como ha comunicado el cardenal camarlengo Kevin Farrell, quien ha asumido la administración temporal del Vaticano durante el periodo conocido como Sede Vacante.
Una vez constatada su muerte en la capilla privada de su residencia en Casa Santa Marta, se han activado los protocolos previstos por la Constitución Apostólica Universi Dominici Gregis, incluyendo el cese inmediato de los cargos de la Curia Romana. Las campanas de la Basílica de San Pedro han sonado en señal de duelo y ya ondean dos banderas negras en la plaza: una sobre la basílica y otra en la torre del campanario.
Un funeral sencillo y fiel a su estilo
En vida, el papa Francisco dejó por escrito el deseo de un funeral más austero, «el de un pastor, no el de un hombre con poder». Por ello, eliminó elementos tradicionales como el uso de tres ataúdes (ciprés, plomo y roble), optando por un único féretro de madera con interior de zinc. Tampoco se utilizará catafalco ni se colocará el báculo papal junto al cuerpo durante su exposición en la Basílica.
Además, solicitó eliminar la mención «Romano Pontífice» en los textos litúrgicos y reducir a un solo velatorio público, suprimiendo el reservado a altos cargos de la curia. Se espera que su cuerpo sea enterrado entre cuatro y seis días tras su fallecimiento, tras los nueve días de luto oficial establecidos por el Ritual Romano.
Francisco también expresó su voluntad de no ser enterrado en la Basílica de San Pedro, como ha sido habitual con sus predecesores, sino en la Basílica de Santa María la Mayor, templo mariano de especial devoción para él y que custodia el icono Salus Populi Romani. Allí descansan también Clemente VIII y Pablo V.
España tendrá una fuerte presencia en el Cónclave
El obispo emérito de Madrid, el cántabro Carlos Osoro, y otros siete cardenales españoles participarán en el próximo Cónclave para elegir al nuevo Pontífice. La elección se celebrará en las próximas semanas, una vez concluidos los ritos funerarios del Papa Francisco.
Cuatro de ellos forman parte de la Conferencia Episcopal Española: el arzobispo de Madrid, José Cobo; el arzobispo emérito de Madrid, Carlos Osoro; el arzobispo de Barcelona, Juan José Omella; y el arzobispo emérito de Valencia, Antonio Cañizares. A ellos se suman Ángel Fernández Artime —antiguo rector mayor de los Salesianos y actual proprefecto del dicasterio para el Instituto de Vida Consagrada—, el arzobispo de Rabat, Cristóbal López, y el obispo de Córcega, Francisco Javier Bustillo.
Todos ellos tienen menos de 80 años, el requisito canónico para poder votar en el Cónclave. De estos siete electores nacidos en España, seis fueron creados cardenales por el propio papa Francisco, salvo Antonio Cañizares, elevado al cardenalato por Benedicto XVI.
Además, hay otros cuatro cardenales españoles mayores de 80 años que, aunque no participarán en la votación, sí podrán asistir, si así lo desean, a las congregaciones generales que se celebran durante la Sede Vacante. Se trata del cardenal Antonio María Rouco Varela, arzobispo emérito de Madrid; Ricardo Blázquez, arzobispo emérito de Valladolid; el claretiano Aquilino Bocos; y Lluis Martínez Sistach, arzobispo emérito de Barcelona.
En total, once cardenales nacidos en España forman parte del Colegio Cardenalicio, y algunos de ellos podrían incluso ser considerados como papables, ya que aunque no es obligatorio que el sucesor de Pedro sea cardenal, históricamente los Papas suelen ser elegidos de entre sus filas.
Comienza el camino hacia un nuevo pontífice
Durante la Sede Vacante, el Colegio Cardenalicio y el camarlengo solo pueden gestionar los asuntos ordinarios del Vaticano bajo el principio de nihil innovetur —que nada sea cambiado—, mientras se preparan para convocar el cónclave que elegirá al nuevo sucesor de San Pedro.
Está previsto que entre 15 y 20 días tras el fallecimiento, los 138 cardenales menores de 80 años sean convocados a Roma. Se alojarán en la Casa Santa Marta y participarán en el cónclave en la Capilla Sixtina, en estricto aislamiento y sin contacto con el exterior. En ese enclave votarán hasta que uno de ellos obtenga al menos dos tercios de los votos. Si esto no se logra tras 12 votaciones, se contemplan pausas de reflexión antes de continuar.
El mundo entero volverá a mirar al cielo del Vaticano esperando la señal definitiva: la fumata blanca que anunciará que la Iglesia ya tiene nuevo líder. Entonces, el cardenal protodiácono proclamará el histórico Habemus Papam y el nuevo pontífice saldrá al balcón de San Pedro para bendecir a la ciudad y al mundo.
Un legado transformador
Con la muerte de Jorge Mario Bergoglio, se cierra una etapa marcada por un pontificado profundamente reformista y pastoral. El primer papa latinoamericano, jesuita y elegido tras la renuncia de Benedicto XVI en 2013, deja tras de sí un legado de apertura, sencillez y compromiso con los más vulnerables, que ha sentado las bases del futuro inmediato de la Iglesia.












