Un centenar de residentes del barrio de Puertochico en Santander se ha concentrado este sábado al mediodía en el Mercado de la zona, pese a la lluvia persistente, para rechazar la apertura de un establecimiento McDonald’s en el espacio y reivindicar el ejercicio de la libertad de expresión.
La movilización, impulsada por la comisión ‘Salvemos el Mercado de Puertochico’, ha incluido una retirada simbólica de la pancarta reivindicativa con el lema ‘Gema, de Mercado de Barrio a preafter no da Igual’. Esta acción se había programado para hoy, pero debido al mal tiempo y por motivos de seguridad de la persona responsable de su desmontaje, se ha limitado a un gesto protocolario.
Los participantes han permanecido en el lugar protegidos por paraguas y acompañados de interpretaciones musicales de autores como Chema Puente, en un ambiente de solidaridad colectiva que subraya medio año de oposición a los planes de transformación del mercado.
En un comunicado previo, los vecinos han denunciado una supuesta «persecución» por parte del equipo de Gobierno municipal del PP, encabezado por la alcaldesa Gema Igual, que habría interpretado de forma restrictiva la ordenanza municipal de publicidad para amenazar con sanciones continuas. Estas medidas, según los afectados, constituyen un «chantaje» destinado a silenciar su defensa del servicio público y del patrimonio municipal representado por el Mercado de Puertochico.
Los organizadores han presentado alegaciones en dos ocasiones contra las actuaciones del Ayuntamiento, argumentando que infringen derechos constitucionales y resoluciones del Tribunal Supremo y del Tribunal Constitucional. Han criticado lo que perciben como «arbitrariedad ejecutiva» por parte del PP en Santander, que priorizaría intereses privados sobre el bien común.
En su opinión, los únicos favorecidos por la instalación del McDonald’s serían la empresa gestora del mercado, Baika, y la cadena de restauración rápida, lo que les lleva a cuestionar el «interés» que motivaría a la alcaldesa Gema Igual a respaldar lo que califican como un «pelotazo» urbanístico. La concentración se enmarca en una campaña prolongada que busca preservar el carácter tradicional del mercado como equipamiento de barrio frente a su posible conversión en un espacio de ocio comercializado.













