La Audiencia Provincial de Cantabria ha impuesto doce años de prisión a un hombre por la brutal agresión que protagonizó contra un médico y un celador del centro de salud Los Castros, en Santander, el 24 de mayo de 2022. El tribunal lo declara autor de un delito de atentado contra funcionarios públicos, en concurrencia con lesiones agravadas al médico y lesiones menos graves al celador.
Además de la pena de cárcel, el condenado queda inhabilitado para acercarse a las víctimas, sus domicilios o lugares de trabajo, y para comunicarse con ellas durante once años en el caso del médico y tres años respecto al celador. En responsabilidad civil, deberá abonar 147.600 euros al facultativo por lesiones, 300 días de impedimento laboral y secuelas como la pérdida casi total de visión en un ojo.
La sentencia, hecha pública este lunes, también condena a la madre del agresor por un delito leve de amenazas a una multa de 900 euros y a seis meses de alejamiento e incomunicación con las dos víctimas. La resolución no es firme y cabe recurso de apelación ante la Sala de lo Penal del Tribunal Superior de Justicia de Cantabria.
Los hechos, un estallido de violencia en plena consulta
Todo ocurrió cuando el procesado se presentó en el centro de salud Los Castros junto a su madre reclamando atención médica. Un celador le informó de que, al estar empadronado en otro municipio, no le correspondía ese centro, aunque un facultativo podría valorar una derivación si era necesario.
Visiblemente alterado, el hombre comenzó a gritar que no le iban a atender e intentó meter la mano por debajo de las mamparas protectoras del celador. Su madre entró entonces en el centro increpando al personal por la negativa a tratar a su hijo.
Un médico, que atendía a otro paciente, acudió alertado por los gritos y, tras escuchar que el agresor padecía dolor de garganta, le explicó que se le derivaría a su centro de referencia. Insatisfecho, el condenado sacó su móvil para grabar al médico y al celador, que le pidieron que parara.
En ese instante, se abalanzó sobre el médico dándole un cabezazo en la cara que lo derribó, para luego propinarle varios puñetazos en el rostro. El celador intervino para auxiliarlo, lo que desató un forcejeo que acabó con los tres en la entrada del centro.
Durante la refriega, el agresor golpeó en la cara al celador y, sujetando al médico contra la puerta, le asestó múltiples puñetazos cerrados mientras lo tenía inmovilizado, impidiéndole defenderse. El celador logró expulsarlo finalmente del edificio. Fuera, la madre amenazó al personal gritando que “no sabían lo que habían hecho” y que “no iban a salir de ahí”.
Secuelas devastadoras para las víctimas
El médico sufrió traumatismos faciales, rotura de nariz, pérdida de visión y trastorno de estrés postraumático. En el juicio de enero, relató que apenas duerme cuatro horas pese a medicación y terapias, evita el centro de salud y reacciona con ansiedad a voces elevadas en consultas cercanas.
El celador presentó rotura de tendón de bíceps, contusiones en mandíbula y oído, una cicatriz de once centímetros en el codo y material de osteosíntesis como secuela permanente.
Este caso, que ha conmocionado al sector sanitario cántabro, llega tras meses de tensión en el juicio, donde la Fiscalía pedía inicialmente trece años y 139.300 euros de indemnización, y el Colegio de Médicos, doce años.














