Cristina Bucsa se ha quitado la espina de forma inesperada. Después del varapalo en individual ante Aryna Sabalenka (6-0, 6-1), la torrelaveguense ha colado en las semifinales de dobles del WTA 500 de Brisbane por la incomparecencia de la bielorrusa y su pareja, la catalana Paula Badosa. Curiosamente, el dúo Sabalenka-Badosa ya tiró de la misma estrategia en Stuttgart 2022, priorizando el cuadro individual para afinar motores al arranque de curso. La cántabra, tercera cabeza de serie con la local Ellen Perez, agradece el regalo en el Queensland Tennis Centre y ya saborea un Open de Australia que empieza el 18 de enero.
Badosa y Sabalenka, con un potencial brutal, han optado por esquivar el dobles y centrarse en singles, sobre todo la catalana tras perderse el final de 2025 por lesión. Ambas saltarán a la pista individual sin despeinarse por el partido que les tocaba pasada la madrugada en España. Para Bucsa y Perez, el pase directo a semis significa un duelo abierto ante la ucraniana Anna Danilina y la serbia Aleksandra Krunić, segundas favoritas, sin un claro pronóstico de victoria. Antes, en octavos, las hispano-australianas habían aplastado a las locales Kimberly Birrell y Talia Gibson por un contundente 6-2, 6-0.
El Brisbane es el último ensayo gordo antes del Grand Slam australiano, que se alarga hasta el 1 de febrero. La número 50 mundial –su techo personal– entra directa por ranking, como el año pasado, sin pasar por la qualy. Será su quinta presencia en Melbourne Park: su tope son treintaidosavos en 2023, y en 2025 superó la primera ronda para caer en segunda. Igualar esa tercera ronda le aseguraría los puntos de entonces, sobre los 1.127 que lleva ahora. Con este tirón en dobles, la de Torrelavega llega lanzada a un Grande donde siempre ha dejado detalles de su garra.
Bucsa, que suma experiencia en la élite y un juego sólido en pista dura, tiene ante sí la chance de dar un golpe en dobles antes de centrarse en individual. La semifinal contra Danilina-Krunić promete tenis de alto voltaje, sin favorita clara, y podría ser el trampolín perfecto para rugir en Australia.












